Las “Alegorías del amor” de Veronese

Cuatro obras de Veronese lucieron  esplendorosas en el Castillo de Praga sobre 1575, una fortaleza en poder entonces del imperio germánico renacentista. Un lugar inexpugnable, la mayor fortaleza medieval -existía desde el siglo IX- de Europa. Allí sí pudo decorar los sobre-techos del castillo checo.Los poderosos podían permitirse por entonces tales lujos, alegorías impactantes e intelectuales, obras que representaran cosas que parecían otras, y que expresaban hechos de la vida.

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Autorretrato del Veronese dela Escuela Veneciana

Paolo Caliari (Verona, 1528-Venecia, 1588) ciudad de la que tomó su apelativo y donde se formó como pintor. En 1556 se estableció definitivamente en Venecia, donde desarrolló su arte, siendo una de las figuras más destacadas de la escuela veneciana. Desde 1541 fue discípulo y ayudante del también veronés  Antonio Badile, con cuya hija Elena contrajo matrimonio.

Aprendió de los grandes venecianos, Tintoretto y Tiziano, así como los pintores de Emilia, como Parmigianino. Se lo considera creador, junto con Tiziano, de un gusto suntuoso y colorista, que en Venecia se prolongó hasta el siglo XVIII.

Prefiere los grandes formatos. Su estilo se caracteriza por el lujo, la arquitectura clásica que enmarca sus escenas y el rico aunque suave colorido. Amigo de Palladio y otros grandes arquitectos de la época, enmarca sus escenas en amplios escenarios arquitectónicos, rasgo que lo hace precursor de la pintura decorativa barroca. Su tratamiento del color se anticipa a la pintura francesa del siglo XIX, destacando en la reproducción y sugerencia del brillo y textura de las telas. Prefiere los tonos fríos y claros: gris, plata, azules y amarillos.

 La representación  de la serie de “Alegorías del Amor”.

La serie de cuatro pinturas confeccionadas para ser instaladas en un cielo raso y ser vistas de abajo hacia arriba.

Está documentado que Rudolf II fue mecenas de Paolo Veronese por lo menos desde 1581.

Las cuatro pinturas tienen dimensiones similares y se les encontró por primera vez dentro del inventario de la Colección Imperial de Praga en 1637.

Algunas pinturas fueron añadidas a la Galería del Castillo de Praga en los años posteriores al deceso de Rudolf.

Después del saqueo sueco de 1648, las pinturas fueron trasladadas a Estocolmo y luego a Roma a la Colección de la Reina Cristina.

Posteriormente llegan a manos del Duque de Orleans, al Conde de Darnley y finalmente al National Gallery de Londres entre 1890 y 1891.

Son una serie, es decir: las obras deben ir juntas para comprender el sentido final. Los títulos de cada una de ellas clarificarán algo, aunque en algunas están bastante recortadas.

La infidelidad, El desdén o el desprecio o la desilusión;  El respeto o la continencia, y, finalmente, La unión feliz.

Dos, las dos iniciales, negativas; las dos finales, positivas.

Compositivamente, son magníficas obras. Los colores, espléndidos y venecianos. Con escorzos y perspectivas geniales, atrevidas y originales. Cuatro obras maestras en una gran creatividad.  Describir el Amor, tanto ahora como antes es complejo, representar las pasiones humanas, las miradas, los ademanes si bien es un mundo de posibilidades para el artista, por otro lado es riesgosa la correcta interpretación si bien utiliza habilmente la correcta iconografía para poder hacerlo.

La Infidelidad

 

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Aquí la iconografía es más clarividente, más precisa, menos confusa. Aquí es ella la que representará claramente la infidelidad. El triángulo es evidente, dos hombres a cada lado de ella: a su izquierda el amante, a la derecha el marido. Un papel delata la relación oculta entre los dos amantes. También, los ojos de ellos, de los dos hombres, declamarán otras cosas: por un lado la mirada divergente y disimulada del amante, por otro lado la mirada fija, directa y enamorada hacia ella del marido. Cupido, de frente, mirará a ella incrédulo, aturdido por la confusión que al pequeño dios todo esto le produce, ya que ella aquí seguirá conectada, sin embargo, con sus dos manos a los dos hombres.

El desdén o el desprecio

 

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El desdén o el desprecio es la más compleja de entender en su iconografía. Hay que decir que las obras están algo recortadas  En un decorado clásico, en una arquitectura clásica, ruinosa y anticuada, veremos tendido a un hombre frente a los restos de unas figuras esculpidas de dioses o personajes mitológicos griegos, un sátiro y el dios Pan con su flauta -aquí recortado parcialmente-. A su izquierda aparecen dos mujeres juntas y de la mano. Sobre el hombre tendido está el dios Cupido ahora preparado para atizarle con su arco amoroso. De las dos mujeres, una está con los pechos desnudos (Venus) y la otra completamente vestida y portando un armiño, el animal símbolo de la castidad amorosa (la castidad).

respeto

El Respeto

El respeto o la contención. También es algo particular y misteriosa esta iconografía de la serie del Veronese. Porque aquí el hombre se detiene, frenará su deseo, frenará su pasión o su amor… Hasta Cupido le sujeta la espada en señal ahora de no desenvainarla. Pero, ella aquí está ahora dormida, debe estarlo para significar así el hecho un gesto más virtuoso: ella aquí no es libre de elegir. Y ella, Venus, está además aquí ahora completamente desnuda .

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La Unión Feliz

Finalmente, la serie nos conducirá al último reflejo de lo que el tortuoso camino del Amor deberá llevar: La unión feliz. En esta representación, el creador veneciano iluminará la obra con la luz más clara y más luminosa. Sólo la diosa, desnuda, estará ahora ahí para condecorar al Amor en una mujer virtuosa y en un hombre agradecido. Y además con los símbolos de la virtud en la corona de laurel de la diosa, de la paz con la rama de olivo que portarán ambos, de las cadenas doradas de la unión más segura que, sin embargo, tomará ahora la inocencia más ingenua de un niño, o de la fidelidad más fiel con el perro más solícito y dócil.

La Alegoría del Amor, cuatro obras maestras de Paolo Veronese. Se lo considera uno de los artistas más destacados de la escuela veneciana. Su trascendencia en el estilo posterior permiten clasificar su obra de prebarroca, en particular por la elegancia de la forma, su gusto por las atmósferas diáfanas y el sentido decorativo de la composición.

Veronés influyó en pintores posteriores, como Rubens, Tiépolo y otros pintores del barrocos. Este pintor y Rubens son los grandes maestros del pasado que admiraba el pintor romántico Eugène Delacroix.

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