Los caballos de San Marcos

 

 

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Las esculturas datan de finales de la Antigüedad Clásica y han sido atribuidas al escultor griego Lisipo del siglo IV a. C. aunque esta teoría no ha sido ampliamente aceptada.

Aunque sus orígenes exactos permanecen desconocidos, sí es cierto que los caballos, junto a su cuadriga, estuvieron expuestos durante siglos en el Hipódromo de Constantinopla. En 1204, fueron tomados por las fuerzas venecianas durante el saqueo de la capital bizantina en la Cuarta Cruzada. Lo que ocurrió con el auriga después de la Cuarta Cruzada es desconocido. El dogo de Venecia Enrico Dandolo envió los caballos a Venecia, donde se instalaron en la terraza de la cubierta de la fachada de la basílica de San Marcos en 1254.

Detalles de los caballos

 

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Un antiguo texto en griego datado hacia el siglo IX, el ‘Parastaseis syntomoi chronikai’ (‘Breves notas históricas’) menciona la presencia de unos caballos dorados en el hipódromo y asegura que “habían llegado desde la isla de Quíos en época de Teodosio II”. O lo que es lo mismo, en la primera mitad del siglo V. A pesar de ello, no se cuenta actualmente con certeza plena de que las estatuas ecuestres mencionadas en el texto sean las que hoy decoran Venecia.

Sobre su autoría, también faltan datos concretos. Desde el Renacimiento no han faltado propuestas y candidatos tales como Praxíteles, Lisipo, Mirón o Fidias, aunque la cuestión parece lejos de resolverse.

Además, hasta la fecha de su creación es inexacta, pues el amplísimo margen, entre los siglos IV a.C. y IV de nuestra era, sólo pueden aportar luz a la hora de analizar su composición y la técnica empleada, que parecen apuntar a un origen más bien romano y no griego.

En cualquier caso, suponiendo que los caballos de la fachada principal de la basílica de San Marcos hubieran sido trasladados desde Constantinopla, en su primer hogar las estatuas estaban consideradas como un poderoso símbolo del poder imperial. Por esta razón, no es de extrañar que cuando Napoleón se hizo con el control de Venecia en 1797, decidiera llevarse consigo a París la cuadriga dorada. Bonaparte decidió situarlos sobre el Arco de Triunfo del Carrusel, construido para conmemorar sus victorias, legitimando así su poder como emperador.

Antes de la construcción del arco, los caballos estuvieron expuestos al público, acompañados de una cartel en el que se podía leer lo siguiente: “Llevados desde Corinto a Roma, de Roma a Constantinopla, de Constantinopla a Venecia, de Venecia a Francia: ¡están al fin en un país libre!”.

 

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En 1815 los caballos fueron devueltos a la Basílica tras la derrota francesa. Permanecieron en la terraza hasta comienzos de la década de 1980, cuando, para evitar daños por la polución del aire y el efecto del excremento de las aves, fueron substituidos por réplicas. Desde entonces, la cuadriga original está expuesta en el museo dentro de la Basílica.

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