Vacaciones!!!

Vacaciones

Muchos piensan que las vacaciones están identificadas con un largo viaje. .

Pascal se refirió a esto cuando dijo que la infelicidad del hombre se cimenta en que no ha podido aprender a disfrutar de la paz de su habitación…

pascal

La palabra vacaciones deriva del latín vacans, participio del verbo vacare: estar libre, desocupado, vacante (como un puesto de trabajo). Vacuus: vacío, desocupado libre. Vacui dies: días de descanso Vacatio (-ionis): dispensa, exención.

La necesidad del verano no es una novedad. Ya los ricos romanos huían de la Ciudad Eterna en los períodos caniculares (adjetivo que designa el período del 24 de julio al 24 de agosto, cuando sube al firmamento la estrella Sirio, también llamada “pequeña perra” en latín: canícula).

A imagen de sus emperadores, como Adriano que se hizo construir una espléndida villa en Tivoli, la tranquila Pompeya, en el Golfo de Nápoles etc. los romanos querían escapar de la malaria y otras enfermedades propagadas por los mosquitos en la región pantanosa del Lacio.Más tarde, las elites medievales también fueron aficionadas a escaparse de sus ciudades de olores pestilentes.Los ricos burgueses de las ciudades italianas cuyas casas de campo todavía atestiguan su opulencia.Pero no eran solamente los mercaderes y los soldados los que se movían. Gente de toda condición: en la Edad Media, emprendía grandes y largos viajes,del campesino al gran señor, muchos, de un día al otro, eran poseídos por el deseo de ir a recogerse ante la tumba de una gran santo, en Tours, Roma, Compostela  incluso Jerusalén. En estos peregrinajes, la motivación religiosa es indisociable de la sed de aventura y de la curiosidad.

 

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Hubo asomos de vacaciones, como consta en ‘Las   Partidas’ de Alfonso X el Sabio. Los primeros en ‘otorgarse’ a ellos mismos vacaciones fueron los jueces, debido a la poca actividad registrada durante el verano. Posteriormente, se sumaron miembros del clero, quienes, al ser los encargados de la docencia en aquella época, fueron artífices de las vacaciones estivales entre los escolares.Durante el Renacimiento, con la emergencia de los Estados Nación y la baja del fervor religioso, los peregrinajes tienden a declinar. Al mismo tiempo, nobles y artistas inventan los viajes “turísticos” o “culturales”. Se dirigen a Roma y al resto de Italia, en búsqueda de los esplendores de la Antigüedad. Montaigne nos ha dejado un relato de sus viajes ultramontanos, como luego lo hicieron Stendhal y tantos otros.                                                                                                                                                                     Peregrinos medievales

La costumbre del veraneo se hizo popular entre la aristocracia francesa a partir del siglo XVIII. Este fenómeno supuso el inicio del turismo ‘moderno’, favorecido por la aparición de medios de transporte al alcance de todos como el ferrocarril. Los desplazamientos se incrementaron y las clases menos pudientes tuvieron, por primera vez, la posibilidad de tomarse unos días de descanso fuera de sus pueblos y ciudad, bajo influencia de los británicos: los hijos de las grandes familias son enviados a Italia – Roma y Pompeya se vuelve una etapa inevitable- para completar su formación, es la “gran gira”.

Los británicos inventan el turismo termal. El primer destino es, en Inglaterra mismo, la estación de Bath, maravilla arquitectónica de estilo georgiano, inspirada en los romanos que ya habían desarrollado termas en esta ciudad.

Las Termas de Bath en Inglaterra

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En el continente, la primera estación termal –y la más célebre- es Spa, cerca de Lieja, en las Ardenas belgas. Su nombre va a designar por extensión el termalismo en inglés y los baños de remolino en la mayoría de los idiomas modernos. Desde fines del siglo XVIII, la alta sociedad europea ama darse cita en esas estaciones,siguiendo el ejemplo del emperador José II de Habsburgo Lorena.  Arrastran detrás de sí a toda la Europa acomodada, con el auxilio de médicos que consideran que el cambio de aire permite curar más o menos cualquier enfermedad. Cabezas coronadas, aristócratas y rentistas se precipitan a las nuevas estaciones climáticas, termales o balnearias.

Szechenyi thermal bath  en Budapest – Hungría

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También se desarrolla la costumbre de los baños de mar con fines terapéuticos, cuyo gran modelo es Brighton.

Brighton

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A mitad del siglo XVIII, la alta montaña, hasta entonces repulsiva, empieza a fascinar a la Europa cultivada, sensible a las descripciones de Jean-Jacques Rousseau en La Nueva Eloísa.
Al mismo tiempo, otro ginebrino, el estudiante Horace Bénédict de Saussure, se apasiona con el Mont-Blanc, que en ese entonces parte integrante del reino de Piemonte-Cerdeña. Devenido notable, ofrece un premio al primero que haga cumbre.

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El Mont Blanc

A partir de la caída del Primer Imperio, en 1815, los ricos británicos toman la costumbre de dirigirse en invierno a Hyères o a Niza (de ahí el famoso nombre de Paseo de los Ingleses, a la costanera) para disfrutar de la suavidad del clima mediterráneo.

Hipólito Taine describe en su libro Orígenes de la Francia Contemporánea cómo se impuso la costumbre de veranear entre los aristócratas franceses del siglo XVIII: con la llegada del verano, escribe Taine, los nobles se dedicaban a comer, bailar, cazar y “desempeñar la comedia de la aristocracia, cuyo primer deber era la hospitalidad”. Los nobles residentes en Versalles y en París viajaban a la Champagne, donde la riqueza era ostentada en interminables caravanas de coches y caballos, una mesa bien servida y el alojamiento dispuesto para el primer hidalgo andariego que golpeara a la puerta del castillo.

Medio siglo más tarde, la descomunal infraestructura turística de la nobleza dejaba su impronta en viajes como el que lord Byron emprendió junto a una caravana en la que viajaban su médico personal, sus sirvientes, sus animales domésticos, algunos amigos y su compañera, la condesa Giuccioli.

Los austríacos gustan de encontrarse en Carlsbad (hoy Karlovy-Vary) o en Marienbad, en Bohemia.

Los alemanes prefieren Bad Ems, en Renania, como el emperador Guillermo I°.

El británico Thomas Cook (1808-1892), el hombre que revolucionó nuestros hábitos de vacaciones y la forma en que viajamos.

En una época en que los viajes organizados y las vacaciones al extranjero son parte de la vida de la inmensa mayoría de las familias, parece extraño imaginar un momento en que el turismo de masas no existía.

Entre las muchas curiosidades de sus recorridos se puede citar como ejemplo que durante su famoso Tour del Nilo en 1868 no existían hoteles, por lo que los turistas viajaban en una gran caravana, acompañados por 65 caballos, 87 mulas, tiendas, camas y cocinas de campaña.A finales del siglo XIX, y gracias a Cook, ya era posible viajar casi a cualquier lugar del mundo.

Carteles de Cook

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En Francia, el Segundo Imperio ve la creación de Biarritz, en el país vasco, estación preferida de Eugenia de Montijo, así como de Deauville, en la costa normanda, de Vichy, en Auvernia, de Plombières, en los Vosgos, donde el Emperador Napoleón III recibe en secreto al ministro piamontés Cavour.

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Las guías turísticas también tienen su historia… anuncian una nueva era del turismo: gracias a importantes inversiones, se vuelven accesibles  gracias al ferrocarril.

El “tren de los placeres” une París con Dieppe en 1848, el “tren de los maridos” permite a partir de 1871 a los señores salir de París el sábado por la noche, pasar el domingo en Normandía en familia y volver el lunes por la mañana. Mientras que el lujo de la primera clase está reservado a los más ricos, la segunda y la tercera son más accesibles, más aun considerando que los precios bajan progresivamente.

Puerto de Dieppe

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En la Edad Media ya circulaban guías  en forma manuscrita, cuando el Camino de Santiago se convirtió en la arteria de peregrinación más importante del mundo un clérigo francés, Picaud, escribió el Liber Peregrinationis en el año 1130. En el libro se describían la infraestructura, los albergues, los hospitales, monasterios e iglesias que se encontrarían los peregrinos y las reliquias que podrían venerar.Y otros textos manuscritos que surgieron describiendo los itinerarios de peregrinaje hacia Roma o Compostela.

En 1552, el gran imprentero  Charles Estienne, publica La Guía de los Caminos de Francia, pero será en el siglo XIX, con la aparición de una amplia clientela, que aparecen las guías que conocemos hoy, “la Murray” en Gran Bretaña y “el Baedeker” en Alemania, ambas en 1830, y “el Joanne” en Francia 20 años después, que en 1919 se convierte en Le Guide Bleu, que existe aún hoy.

El Joanne está vinculado a los ferrocarriles. Luego vendrá la guía Michelin, indisolublemente ligada a la aparición del automóvil, y creada por la firma de Clermont-Ferrand –fabricante de neumáticos- que, incitando a sus lectores a multiplicar los viajes, los conduce también a cambiar con mayor frecuencia los neumáticos. La guía es por lo tanto distribuida gratuitamente hasta 1920.

Será recién a partir de 1950 que el turismo masivo toma impulso. La difusión del automóvil así como los primeros frutos de los Treinta Gloriosos (años) contribuirán a ello. A partir de entonces, se parte por varias semanas en verano, en carpa o en albergues colectivos, como las villas de vacaciones que construyen los comités de empresa.

En 1950, el campeón de natación belga Gérard Blitz crea una primera villa en las Baleares con el nombre de Club Méditerranée.
El Club Mediterranée, retomado y ampliado en 1963 por el fabricante de carpas Gilbert Trigano, tendrá pronto muchos émulos y competidores, tanto en Francia como en el mundo entero.

Las vacaciones pagas están más desarrolladas en particular en la Alemania nazi y en la Italia fascista, donde el Estado ha puesto en marcha importantes organizaciones para permitir a los ciudadanos irse de vacaciones.Es por lo tanto más bien un impulso político el que trajo su generalización.

Los días de descanso se fueron extendiendo tanto que, en 1936, el gobierno francés tuvo que aprobar una serie de derechos sociales que incluían el reconocimiento a las vacaciones pagadas. Esta medida se propagó a todos los países tras el fin de la 2ª Guerra Mundial, y es desde entonces cuando podemos hablar del surgimiento del sector turístico y de la costumbre de tomarnos unas vacaciones.Es también entre las dos guerras que aparecen las famosas estrellas para clasificar hoteles y restaurantes. El éxito de la guía Routard, en los años 1970, está ligado a la posibilidad de viajar a precios más económicos, haciendo auto-stop y durmiendo en campings.

 

Las vacaciones actuales.  Se las debemos a  la publicidad en general, el despliegue de los medios de difusión,  que tuvieron un papel importante en la generalización del ideal de las vacaciones.

A partir del período de entreguerras, cuando la exhibición del cuerpo desnudo dejó de ser considerada indecente, la radio y los medios gráficos comenzaron a divulgar la idea de que la verdadera vida ya no residía en el trabajo, en los negocios, en la política ni en la religión sino en las vacaciones!!!. Unos pocos días al año propiciarían la “verdadera vida”, en la que se auguraba la liberación de un cuerpo que empezaba a ser comprendido como el ámbito por excelencia de la identidad personal enfatiza Kreimer.

Mientras que las vacaciones al borde del mar siguen siendo privilegiadas por una mayoría de occidentales, el turismo rural conoce un fuerte desarrollo desde hace unos 20 años, así como las estadía más cortas y fraccionadas: el corte del verano se vuelve menos largo, pero las mini-vacaciones se multiplican.

Con la depresión económica, sin embargo, se calcula que las estadías se acortan y aumenta la proporción de familias que no parten de vacaciones (una de cada 3 en 2011).

En Mar del Plata – La Feliz, que desde fines del siglo XIX y hasta ese entonces era una feria de vanidades en la que familias porteñas de alcurnia exhibían sus riquezas, se convirtió en destino veraniego y popular por antonomasia. La infaltable foto familiar en la rambla, con el mar y el típico Lobo Marino de piedra de telón de fondo, fue rápidamente emblema del momento más esperado del año por los asalariados.

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Lobo Marino  (1941)
José Fioravanti (Buenos Aires, 4 de agosto de 1896 — 10 de octubre de 1977) 
Escultor Autodidacta, Fioravanti se formó en los talleres de escultura de Buenos Aires. En 1919 obtuvo su primer premio. Pronto viajó a Europa, donde expuso en varios países. El presidente Marcelo T. de Alvear le encomendó la realización de decoraciones escultóricas en el vestíbulo de la Casa Rosada.

Años después llegarían las vacaciones forzosas y el desempleo … pero bueno… aquí estamos esperando…  las  amadas vacaciones!!!

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