“Pinto porque veo, porque siento -tengo fuertes sensaciones-,
también usted siente y ve como yo, pero no se atreve […]
Yo tengo el valor de defender mis opiniones…”
                                                                                                Paul Cézanne

Cézanne, fue un pintor ignorado que trabajó en medio de un gran aislamiento. Desconfiaba de los críticos, tenía pocos amigos y, hasta 1895, expuso sólo de forma ocasional. Se fue volviendo huraño, se fue retirando y terminó teniendo fama de loco, de excéntrico. Cada día más terco e indomable,  se negaba a aceptar las consignas del grupo de los impresionistas que se reunían en el Café Guerbois en cuya puerta un día le dijo a Manet, que se vestía como un dandy: “No le doy la mano porque no me la he lavado en ocho días”.

Mary Cassatt, la pintora norteamericana, que le conoció en una comida en Giverny, en el entorno de Monet en1894. Cuenta que le vio bastante moreno con mucho entrecejo,  le pareció un completo desastre su aspecto general y luego, cuando  le vio comer, pensó que era un ordinario, raspaba el plato con la cuchara, ruidoso, en fin, no tenía ninguna educación a la mesa. Luego, hablando con él, descubrió que era un hombre extraordinariamente sensible, delicado y culto para su  gran  sorpresa.

La crítica y el público  lo ignoraban, siendo apreciado sólo por algunos impresionistas y, al final de su vida, por la nueva generación de pintores.

 “Pintor de Pintores”

Monet y Renoir vendían bien por los años ’80 del siglo XIX. A Cézanne eso le costó una década y media más, su impacto fue mayor en el siglo XX.  Monet  que tuvo un enorme eco por 1880-90  fue cayendo en “desuso”  digamos así, en las primeras décadas del s.XX, cuando todavía vivía, mientras que  Paul Cézanne era un pintor absolutamente actual para los cubistas“,  “los fauves”, “los expresionistas alemanes”y para el “abstracto” de Kandinski.

Su obra solo empezó a ser conocida y a vender de verdad a partir de 1895. Antes nadie, sabía quién era Cézanne!!!. Ni se hablaba de él en París… En parte porque no había tenido éxito y porque se había retirado a Aix y cansado, no había intentado exponer.

Ambroise Vollard fue el primero en darse cuenta del genio de este pintor, que abrió la puerta a la vanguardia. Iba por París vestido como un mendigo, mal afeitado, con un chaleco rojo bajo una chaqueta raída y sus cuadros eran objeto de escarnio, rechazados en todos los Salones de pintura. A partir de 1895 empieza a hacer exposiciones cada dos años. Comienza a ser muy conocido, bien mirado por los jóvenes y muy respetado por sus colegas. La última década del s. XIX (en 1906 muere) se convierte en una referencia fundamental de la pintura moderna e internacional.

Una anécdota de Ambroise Vollard

En su galería de arte de la Rue Lafitte entró un día la coleccionista Gertrude Stein.

– ¿Qué vale este Cézanne?
– Quinientos francos -contestó Vollard.
– ¿Si compro tres?
– Mil quinientos.
– ¿Y si le compro los diez que tiene?
– Entonces, cincuenta mil.
– ¿Por qué?
– Porque entonces me quedo sin Cézanne.

Buscaba…

…y en la naturaleza encontraba  las formas esenciales, las figuras geométricas, el prisma, la esfera, la pirámide y en consecuencia, plasma lo que contempla. “No debemos estar satisfechos de memorizar las hermosas fórmulas de nuestros ilustres predecesores. Salgamos y estudiamos la naturaleza hermosa”.

Distorsiona inteligentemente la perspectiva, se emplea la simplificación geométrica y  usa la técnica del facetado, características que adoptarían “los cubistas” 15 años después, siguiendo una de las máximas del pintor: Todo en la naturaleza está modelado según la esfera, el cilindro y el cono”

“La sombra es un color como lo es la luz, pero menos brillante. La luz y la sombra son sólo la relación de dos tonos”. Para Cezanne, la luz tiene gran importancia en la obra. “La luz no es una cosa que puede ser reproducido, sino algo que debe ser representado usando otra cosa… los colores”.

Dos destacados “cubistas“, Gleizes y Metzinger, justificaban esta relación diciendo que quien comprende a Cézanne presiente el cubismo.

 Los jugadores de cartas

Durante la década de 1890 Cézanne pintó una serie de cuadros con la temática de “los Jugadores de cartas” campesinos de Aix, el pueblo natal del pintor y muy probablemente trabajadores del Jas de Boufan, la casa familiar de Cézanne)

 


Las dos figuras se sientan a ambos lados de una pequeña mesa sobre la que apoyan los codos. Los dos hombres están concentrados en el juego, interesándose el maestro en captar sus expresiones, y los presenta tocados con sombreros típicos de las clases sociales humildes de la Provenza. El espectador  (nosotros)se convierte en uno de los frecuentes observadores que contemplan estas partidas en las tabernas, al situarnos  en un plano cercano a la escena. La iluminación artificial se manifiesta en las sombras, especialmente en el reflejo blanco de la botella.La aplicación del color se realiza a base de fluidas pinceladas que conforman “facetas“, elementos identificativos del cubismo.
A diferencia del impresionismo del que Cézanne parte, en este trabajo prima el volumen y la forma sobre la luz, obteniendo ese volumen gracias al color en estado puro.

Él llegó a saber de su éxito, pero no le interesaba demasiado. A la exposición de Vollard del año 1895 ni se molestó en ir y luego haría eso mismo otras veces.

Pocos nombres famosos hay comparables con él: del final del siglo XIX:Van Gogh y Gauguin, y en el s.XX: Picasso y Matisse.

Versiones de “Los jugadores”

1890-92, óleo sobre lienzo, 134,6 × 180,3 cm Barnes Foundation, Merion, Pennsylvania-La primera versión

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Tres personas se encuentran jugando a las cartas, mientras que los otros dos personajes se sitúan detrás de la mesa. Uno de ellos contempla el juego de cerca,mientras que el quinto campesino no muestra interés, manteniendo una expresión de abstracción.

Cézanne centra la vista de forma frontal, aunque la mesa esta dispuesta de tal manera que podamos observar lo que se posa sobre ella. Esta partida debe haberse realizado en una casa particular en lugar de un bar, ya que se percibe la ausencia de bebida y se encuentra la figura de un jovencito, hay un grueso cortinaje que rompe la línea de la pared. Asimismo distintos objetos: un cuadro, un colgador de pipas de fumar, y un anaquel con un cántaro.

Segunda versión: 1890-92, óleo sobre lienzo, 65,4 × 81,9 cm  M.M de Arte de Nueva York

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Versión del Metropolitan Museum of Art de Nueva York. 1890-1892. Si se compara con la primera versión, se puede observar como el pintor ha decidido prescindir de una serie de objetos, como el anaquel,el cuadro, y el tapete de la mesa, centrándose en la partida de cartas. Además ha prescindido del personaje más joven. Finalmente,Cézanne ha decidido añadir un sombrero al jugador sentado en la zona central de la escena.

En colección privada. 1892-1893- la tercera versión

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Esta es la primera obra en la que sitúa sólo a dos personajes enfrentados en la partida de cartas.  Cézanne se preocupa más por el volumen que por captar la luz y realzar los detalles. Además, este lienzo es considerado el iniciador de la fase protocubista del pintor.

4º Versión del Courtauld Institute of Art de Londres. 1892-1895

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Esta versión presenta muchas semejanzas con la obra anterior, apareciendo los mismos elementos. La diferencia existente se encuentra en los personajes y las tonalidades utilizadas, siendo las figuras mas estilizadas, los colores más luminosos y la pincelada más suelta. En resumen, la obra da la sensación de estar inacabada.

La última versión era la que estaba en el Museo ‘Orsay de París

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El centro de toda la escena y, en definitiva, del cuadro lo constituye la botella de vino, situada casi al  medio de la mesa. Un volumen cilíndrico que es subrayado por toques de luz (una línea vertical de blanco puro) es un ejemplo perfecto de la forma de ver y de representar el espacio en Cézanne. La botella divide la tela en dos zonas, aunque no a la mitad pues el eje se ha desviado ligeramente a la derecha, que acentúan el cara a cara, la lucha entre los dos jugadores de cartas.
Los protagonistas concentrados en el juego. Cézanne capta sus expresiones. Uno, el hombre de la izquierda, con un sombrero de copa, alta y rígida, fumando en pipa, estudia fríamente la jugada. El otro, el de la derecha, con sombrero mullido con las alas dobladas hacia arriba, muestra un semblante más abierto y con un mayor interés por la partida. La construcción estilizada de la escena atenúa el realismo y los modelos toman  una dimensión atemporal. El espectador se convierte en un protagonista más, de esos que suelen frecuentar las tabernas y que asisten al juego.

Una nueva manera de concebir el espacio, eso es lo que Cézanne aporta con sus obras.

La iluminación artificial se manifiesta en las sombras y de forma especial en el reflejo blanco del cuello de la botella y en la pipa. El protagonista del cuadro es el color que llena todo el lienzo con el fondo oscuro, solo unos toques de color para definir el lugar indeterminado. Las figuras se construyen por planos que giran alrededor de ella resaltando los volúmenes por medio de trazos de color. Esta técnica constituye el anticipo del cubismo.

Cuando el artista mostró este trabajo en la sociedad local de pintores aficionados, fue recibida con incomprensión por parte de todos, excepto el joven poeta Joachim Gasquet. Cézanne firmó la pintura y se la regaló en agradecimiento. Dos años después de la muerte del autor (1906), Gasquet lo vendió por la sorprendente suma de 12.000 francos.

En 2011  la familia real de Catar pagó  250 millones de dólares, un precio récord para esta  versión de “Los jugadores de cartas” de Cezanne.  y  esta obra estará en el Museo Árabe de Arte Moderno de Catar, inaugurado en 2010 junto a numerosas piezas famosas de Gauguin, Mark Rothko,  Andy Warhol  entre tantos  otros artistas.

Cézanne fue un incomprendido, aún entre los incomprendidos

Cézanne pasó la gran parte de su vida tratando de ser reconocido. Fue sujeto a los rechazos del Salón de los Independientes, e incluso de su amigo, Émile Zola, lo utilizó como el retrato del típico artista fracasado. Zola poseía diez obras de Cézanne ocultas entre cacharros y una de ellas no se encontró hasta 25 años después de la muerte del escritor, ocurrida en 1927. El desencuentro con su amigo se produjo cuando Cézanne se vio reflejado, bajo el nombre del protagonista Claude Lautier, en la novela de Zola L’Oeuvre, que trataba de un pintor fracasado, ejemplo de la impotencia artística y de la quiebra de un genio, en la que al final el héroe se suicida. Cézanne, ofendido, lo consideró una traición. Pero la gloria no le llegaría a Cézanne hasta la gran exposición que montó Vollard en su galería, la cual propició después la retrospectiva que se realizó en París, en 1904, en el Salón de Otoño, dos años antes de la muerte del pintor. Hoy a Zola se le recuerda sólo por un artículo, J’accuse, publicado en L’Aurore, sobre el caso Dreyfus, el 13 de enero de 1898. Mientras su amigo, el artista fracasado de su novela, es el pintor cuya cotización sigue siendo la más alta de la pintura moderna.

Los descubrimientos de Cézanne a través de la simplificación geométrica y los fenómenos ópticos fueron los que inspiraron a Picasso, Braque, Gris, y otros para experimentar los objetos a través de distintas perspectivas y, con el tiempo, a fracturar la forma.

Los artistas  del siglo XX  lo homenajeron con una sencilla pero contundente  frase:   “Cézanne es el padre de todos nosotros”.

cezanneWeb

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