Bruckner…

… la cuarta «B»

La expresión  de»Las tres B»,   acuñada por Hans von Bülow  se refiere a los grandes de la música de todos los tiempos: Bach, Beethoven y Brahms como  los mejores compositores de la historia.

En Austria, en la Abadía de san Florián,  cerca de Linz está la tumba de un grande aunque siempre menospreciado y olvidado de la historia de la música …Josef Anton Bruckner.

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Este es el monasterio más importante de la Alta Austria. El magnifico edificio de estilo barroco se reconstruyó entre los años 1686 y 1751 bajo la dirección de Jakob Prandtauer. La biblioteca, preciosísima !!!! donde hay más de obras 140.000 entre libros y manuscritos, con pinturas al fresco de Bartolomeo Altomonte mantiene el estilo general. Tambièn la Galería Altdorfer en donde guardan trabajos  de este pintor del siglo XVI como su Cristo en el Monte de los Olivos (tabla del retablo de la Pasión) entre otros y diversos dibujos.

La iglesia de la abadía con  bellísimas columnas de mármol rhoda  traídas de Salzburgo, el púlpito de mármol negro y una sillería  del coro preciosa por sus tallados.

Toda la Abadía es una muestra de lo más selecto del «Barroco Austríaco».

El santo Patrono de la zona

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San Florián,  era un oficial del Ejército Romano y un mártir cristiano durante la persecusión de Diocleciano por  el 304. Siglos después, el Papa Lucio III, en 1138, regaló una parte de sus reliquias al rey Casimiro de Polonia y al obispo de Cracovia. Desde entonces es el santo patrono de Linz, de Polonia y de la Austria superior.

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Cuando los canónigos agustinos se hicieron cargo del monasterio, crearon el Instituto de Niños Cantores, documentado desde el año 1071. Esto es muy propio del país. Muchos  músicos se han formado como niños cantores en este monasterio, el más célebre de ellos: Anton Bruckner  la cuarta «B» cuyo nombre es inseparable del de St. Florián, el mismo lo eligió para descansar eternamente, en su Cripta debajo de su amado órgano.

El actualmente llamado «órgano Bruckner»

Un personaje un tanto curioso, como grandioso.

Bruckner (1824-1896)  El notable Compositor austriaco, destacó en el lugar por sus interpretaciones e improvisaciones al órgano, la mayoría de las cuales no se han conservado. La obra sinfónica de Bruckner es de concepción grandiosa. En ella abundan las melodías inspiradas en la naturaleza, y en el misticismo religioso. Tambièn… y lamentablemente muy poco conocido a nivel de gran público melómano. Si hacemos una encuesta y preguntamos quién fue… son pocas las personas que lo conocen. Bruckner  es para muchos completamente ignorado y para otros el compositor más genial de todos los tiempos. Su principal legado es un impresionante ciclo de nueve sinfonías (que en realidad son once). Las dos últimas se consideran las mejores sinfonías de la historia de la música.

Fue organista de primera. Un compositor serio pasados los 37 años, avanzada edad si recordamos que Mozart murió a los 35 con más de 600 obras en su haber.

Cumplidos los treinta años, consciente de sus debilidades en armonía y contrapunto, decidió tomar un«curso por correspondencia» con un renombrado pedagogo. Seis años después,  lo repitió para afinar sus conocimientos en orquestación. Cuando se puso la piedra fundamental de la Nueva Catedral de Linz  en 1862 se estrenó la Cantata festiva Preiset den Hern de Anton Bruckner compuesta para coro, solistas y banda fue su primera obra religiosa dada a conocer.

Bruckner era muy inseguro, padecía crisis de ansiedad algunas fueron depresiones severas. No era bien parecido y desaliñada su presencia. Solía llevar pantalones demasiado cortos para acceder mejor a los pedales del órgano y tenía la convicción de que mujeres bellas aceptarían casarse con él…  permaneció soltero toda su vida. De humildad extrema frente a otros músicos jamás pudo convencerse de su propia valía. Estudió música hasta cumplidos los cuarenta y no conoció cierta fama hasta los sesenta. Jamás fue un intelectual ni una persona culta o refinada.  Devoto católico, habitaba un mundo ajeno al de sus sofisticados contemporáneos, que se mofaban de su acento rústico y preferían la música del consagrado Johannes Brahms.

 Pero había tanta autenticidad y sinceridad en él  y no era para nada un tonto sus alumnos terminaban adorándolo. Cuando impartía su cátedra y sonaba el Angelus, (las campanas) interrumpía la clase y rezaba.Toda su persona fue motivo de burla en la sociedad vienesa que le toca vivir… hasta su fe, aceptaban la religiosidad  en Bach o la del afamado Palestrina …pero no en Bruckner.

Wagner su ídolo… un tirano

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Comienza a componer  en 1863 después de asistir a la representación de Tannhäuser obra de su ídolo. Tanhäusser y Tristán fueron las obras que más  le impactaron. Pero a pesar de la adoración que sentía por Wagner su música es antiwagneriana … es un mito que le crearon los partidarios de Maestro alemán, pero en realidad es más schubertiano  según la opinión de muchos. 

Escribe una Sinfonía en fa menor — que nunca numeró — y el Salmo CXII. Un año después, en 1864, Bruckner termina la Sinfonía en re menor — a la que denominó Nullte, es decir, “número cero” — y que constituye el prólogo de una serie de nueve sinfonías realmente magistrales. 

Un incidente lamentable

Wagner en Europa era un déspota. Había recibido críticas muy serias por parte del sector semita, que coincide con su obra Die Meistersinger von Nürnberg (Los maestro cantores…).  Este gigantesco libreto obra del compositor fue leído por el propio Wagner ante la intelectualidad vienesa. En la historia, el crítico de los maestros cantores (personaje de la obra) resulta ser Beckemeisser, considerado por algunos como un estereotipo judío y manifestación del antisemitismo de Wagner, este era el escribano de la cofradía en la historia. El crítico musical Eduard Hanslick,  que  se encontraba presente, se sintió directamente aludido con ese personaje, se levantó de su asiento abandonando el lugar. Ese incidente provocó que Hanslick no sólo arremetiera contra Wagner, sino también contra Bruckner, quien tuvo la honestidad de reconocer el genio de Wagner.

Lo que pensaba Wagner, lo opinaba toda Europa sin ir más lejos. En Francia todos lo imitaban era como una hipnosis mundial. Verdi en Italia dejó de componer durante un lapso porque todo lo que hacía se parecía al compositor alemán, las progresiones armónicas, la instrumentación… Todo!

En ese «mundo elitista cultural vienés, Bruckner era un hombre medieval puesto  en el siglo XIX. Su trato torpe, alejado de las corrientes intelectuales contemporáneas,  un personaje ingenuo que proporcionaba innumerables anécdotas para la diversión de los vieneses. Se convierte sin querer en la «figura clave» de la encarnizada contienda que libran los partidarios de Wagner y los de Brahms.

Brahms, como buen músico, admira igualmente a Wagner … pero no lo dice, hasta que muere. Entonces se atreve a confesar: «que sus mayores tesoros son la partitura manuscrita de la Sinfonía 40 de Mozart y la pintura manuscrita del Tannhäuser».

 Su triunfo en el extranjero no «emociona» a los vieneses

En 1869 fue invitado a Francia para la inauguración de un órgano a Nancy- en la Basílica de San Evre. Construido por Joseph Merklin de la empresa Merklin-Schütze su presentación deleita a los constructores del órgano que lo invitan a  Notre Dame de Paris. Allí los compositores  Franck, Saint-Saens, Gounod, se impresionan por sus fugas… Dos años más tarde, tuvo la oportunidad de ser escuchado en Londres en el órgano del Royal Albert Hall construido por Henry Willis & Sons en 1871. Da una serie de recitales  con tal éxito que sus actuaciones hubieron de prorrogarse en el Crystal Palace. Pero a pesar de todo ello y de ser considerado uno de los mejores organistas de Europa, siguió siendo ignorado por los vieneses…

Sin embargo, Bruckner consiguió ser nombrado miembro de la Capilla Imperial de Viena. Organista de la Capilla desde su nombramiento en 1887 donde cada domingo, el  conocidísimo Coro de los Niños Cantores de Viena cantaba la misa  continuando la tradición iniciada en 1498. 

La sencillez de un grande

Como buen organista, intentaba trasladar la sonoridad del órgano a la orquesta y lo logra!!! Sus sinfonías se caracterizan por la magnitud, el sonido metálico dominante, el uso de los motivos de coral e instrumental del folclore austríaco y la tradición contrapuntística aprendida con el órgano y no renunciando al empleo de la forma sonata o a la tonalidad básica en las secciones principales.

Sus movimientos casi siempre de tres temas, extensamente desarrollados desde su presentación, con tiempos en general lentos. Los adagios en sus sinfonías son  emocionantes. Dueño de un exquisito lenguaje armónico y maestro de la polifonía, levantó fenomenales «catedrales sonoras», una arquitectura celestial ligada a su intensa fe religiosa. Un romántico desde el punto de vista cronológico, adelantantadísimo a su tiempo en su discurso musical.

Sus primeras sinfonías nadie las interpretó, porque a nadie  le interesó promoverlas.

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Cuando en 1877 dirigió su Tercera Sinfonía, porque ningún otro director quiso ocupar ese lugar, la función fue boicoteada con gritos y risas, y cuando finalizó la obra y enfrentó a la platea, comprobó que solo habían quedado 25 personas. Los músicos se fueron retirando discretamente dejándolo solo en el escenario.  Un joven de la audiencia se acercó para expresarle admiración era  Gustav Mahler que  sería  su alumno y continuador pero: Bruckner a diferencia de Mahler, era un hombre devoto, con una visión simplista del mundo y del más allá. La música de Bruckner provoca devoción  en sus oyentes, la de Mahler crea un verdadero frenesí. Bruckner es  un romántico y un gran músico teológico, quizá el más grande después de  Heinrich Schütz el alumno de Gabrieli y Olivier Messiaen en el siglo XX.

Bruckner conoce a su primer triunfo en Viena

La situación cambió en Viena, en el año 1880, con motivo de la ejecución de la “Tercera Sinfonía”. Hugo Wolf el compositor especialista en «Lied», con sus artículos en el Wiener Salonblatt, contribuyó a la rehabilitación de Bruckner.

La Cuarta Sinfonía llamada  «Romántica». Fue escrita en 1874 y revisada sucesivas veces hasta 1888. Está dedicada al Príncipe Konstantin de Hohenlohe-Schillingsfürst. estrenada en 1881-El subtitulo de Sinfonía “Romántica” fue utilizado por el propio compositor, y se refiere al concepto de romance medieval como las obras de Wagner lo único que «copió». Bruckner escribió: “En el primer movimiento, tras una larga noche de sueño, la trompa anuncia el nuevo día; en el segundo movimiento, canción; en el tercero, entretenimiento musical de los cazadores en el bosque”.

El administrador de la Orquesta Filarmónica de Viena le dijo: “¿Sabe usted qué debe hacer con su sinfonía? tirarla al cesto de la basura, porque no merece estar en algún otro sitio”. Pero Hans Richter, cèlebre director del momento quien también trabajó con Brahms,  aceptó gustoso  estrenarla.

Pero el reconocimiento internacional lo obtiene  con la Séptima SinfoníaDedicada al rey Luis II de Baviera. El estreno tuvo lugar en Leipzig, el 30 de diciembre de 1884, con la Orquesta de la Gewandhaus y el ya por entonces célebre Arthur Nikisch, de origen húngaro, su director. Los fondos recaudados se destinaron a sufragar un monumento en memoria de Richard Wagner, fallecido el año anterior.

A pesar de la muy  buena impresión que produjo en Leipzig, su estreno en Viena fue un escándalo. Hanslick le injurió,dijo que era una “Terrible pesadilla de un músico de orquesta rendido por veinte ensayos de Tristán”.  Pero fue editada y el editor hizo circular un anuncio que mostraba, al lado de las críticas destructivas de Viena, las críticas constructivas de Alemania.

Luchino Visconti  el cineasta del siglo XX, utiliza en 1954 esta sinfonía como banda sonora en su película «Senso».

La Octava, es la «cumbre del contrapunto» en el sinfonismo de todos los tiempos y dedicada a Francisco José I el Emperador de Austria. Presenta tres o cuatro temas fenomenales por movimiento, y en la culminación del cuarto movimiento cita a todos juntos. Nunca suena cacofónico, al contrario, todos prestan su dinamismo y su perspectiva para ensalzarse a sí mismos. Eso no ocurrirá nunca más en ningún otro compositor. Bruckner fue uno de los compositores que escribió partituras indicando el uso específico de la tuba wagneriana  para sus sinfonías 7, 8 y 9. Wagner incorpora este instrumento en «El Anillo de los Nibelungos».

En 1891, Bruckner «el campesino ignorante”, logró obtener los títulos que ninguno de sus colegas consiguieron. Maestro de escuela. Después obtuvo el título de profesor de educación secundaria. Dos títulos, que son algo extraordinario en el ámbito de la música vienesa, básicos para que la Universidad de Viena le otorgara el doctorado Honoris causa, que no se lo entregan a Brahms considerado uno de los máximos talentos del Romanticismo. Porque no tenía formación académica. Brahms  aprendió todo lo que sabía a los 10 años de edad un dotado!!!. Bruckner era un  estudioso, digamos un científico de la música. Este logro del compositor, reactivó la cólera de Hanslick y por cierto de Brahms. Ese mismo Año el Emperador Francisco José le da en sesión una casa.

 Hablan los críticos

Max Graf,  crítico y musicólogo que llegaría a ser el mejor  de Viena escribía acerca del método de Bruckner:
“La doctrina de Bruckner se apoyaba en dos fuertes pilares. El que inspiraba más respeto a Bruckner era la teoría de los “bajos fundamentales”, un mundo de espíritus en el bajo que acompañaba a las armonías. Por otra parte, estaba la teoría de las “armonías naturales”, que origina las leyes de toda la belleza de la progresión armónica. Por doquier imperaba la ley y el orden, incluso la santidad. Así pudimos entender la grandeza y a veces la rigidez y la solemnidad de las armonías de Bruckner. Bruckner, meditaba acerca de los acordes y las asociaciones de acordes, como un arquitecto medieval contemplaba las formas originales de una catedral gótica. Era el camino que habría de llevarlo al Reino de Dios.”

El musicólogo George Balan dice de él:

«Bruckner consigue la perfección absoluta en cada nota y nos lleva a los niveles más altos de emoción posible en cualquier arte. Su música, según manifiesta él mismo, es una aproximación a Dios. Es una música que trata de elevarnos espiritualmente. Su novena sinfonía, considerada por muchos la obra más genial de la historia de la música, se titula «Al Dios amado».

El Te Deum

Consideró su trabajo como una ofrenda a Dios: “Cuando Dios al final me llame y me pregunte que has hecho con el talento que te he dado, entonces yo le presentaré la partitura de mi Te Deum y espero que me juzgue con piedad.”

Entre los años 1881 y 1884 compone su Te Deum se puede apreciar la maestría de Bruckner para la composición coral, sumado al lenguaje orquestal post-romántico característico. El tratamiento que de este himno Ambrosiano hace Bruckner es impresionante su primer éxito en Viena.

Obtuvo la Orden de Francisco José I.

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Fue recibido en la Corte por el Emperador, quien le preguntó: “¿Qué puedo hacer por usted, mi querido Bruckner?”, a lo cual Bruckner, con su ingenuidad, habitual respondió: “¿No podría vuestra Majestad prohibir a Hanslick, de la Freie Presse, el menospreciarme como tiene por costumbre?”

 

Aquí con la Orden que le entregara el Emperador

 

Los talentosos directores

En la interpretación de Bruckner ocurre algo que no pasa con Brahms, Schumann ni con Beethoven… con ningún compositor! Por ejemplo: Bruckner estableció que su Cuarta sinfonía debía tener una duración de 55 minutos a una hora. Pero directores, mùsicos renombrados, célebres,  la hacen hasta en una hora con 20! Nadie se toma esas libertades con los demás compositores, pero sí se continúa tergiversando y cambiando  el concepto original. Generalmente, los directores de orquestas NO repetan las indicaciones estrictas de Bruckner.

La novena de Bruckner es  ejemplo  de su estilo tardío, puesto que el compositor la dejó inacabada cuando murió, con tan sólo tres movimientos íntegros, de tal manera que cuando en el adagio oímos el acorde final que tocan al unísono las trompas, el silencio que sigue es el final de la muerte, de lo incompleto, signo indeleble de todo arte romántico, es decir, moderno.

Daniel Barenboim considerado el mejor bruckneriano de la historia. Desde su juventud siente una especial afinidad por Bruckner.«Bruckner fue mi razón para dirigir»,  el director argentino-israelí. «En el año 1958 escuché una de sus sinfonías y quedé fascinado. Empecé a dirigir porque, precisamente, quería dirigir la música de Bruckner. La primera sinfonía que hice de él fue la Novena, en 1969«. Ha grabado su novena sinfonías tres veces: la primera cuando era titular de la Sinfónica de Chicago, la segunda con la Filarmónica de Berlín y la tercera, la Staatskapelle de Berlín, que es la orquesta de la ópera de Berlín.

Bruckner falleció en Viena, 11 de octubre 1896.  Antes de morir, pidió expresamente ser sepultado bajo el gran órgano de la iglesia de San Florian.  Durante los funerales se interpretó el Adagio de la Séptima Sinfonía. Toda la Abadía se convirtió a partir de entonces en un Magnifico Panteón para un genio de la Música.

Funeral

Entre el público, acompañando al féretro, se encontraba Johannes Brahms, uno de sus principales detractores.

Aunque parezca mentira … en los países latinos, se consideró durante muchísimo tiempo la  «austriaca música de Bruckner reservada solo para los oídos germanos o anglosajones». 

Como con  todos los compositores  existe una «afinidad» con su obra, una «sensibilidad» que en cada persona es diferente. Puede amocionarte o no… puedes disfrutarla o rechazarla… pero que te la nieguen… es un absurdo que a nadie le está permitido.

hay aficionados que no han estudiado música y han llegado a una intuición musical admirable. Iyentes que tienen una predisposición innata a entender el lenguaje musical como lo que es: una manera de pensar la realidad. Pero para la mayoría supone un esfuerzo intelectual

Hay que reconocer que Bruckner tiene una rara cualidad: cómo llegar a extremar los recursos técnicos, nos lleva de la expresión de la calma, la grandeza, la delicadeza, el desbordamiento… pero desde un planteamiento humilde.

Su obra

9 Sinfonías (Aparte: la  Sinfonía nº0 y la conocida como “doble cero”)
5 Misas
Requiem
Te Deum
7 Obras corales sacras
Obertura en sol menor
4 Piezas orquestales
Quinteto de cuerda y otras obras de cámara
Diversas piezas breves para órgano y piano

La revisión de su Obra

Se presentan  las obras del Brucner mencionando su revisor…

Robert Haas (1886-1960), nacido en Praga y muerto en Viena, fue un musicólogo, profesor de la Universidad de Viena y director entre 1920 y 1940 del Departamento de Música de la Biblioteca Nacional de Austria. Especializado en la obra de Bruckner, se encargó de la revisión de todas sus sinfonías, excepto la tercera perdida durante la segunda guerra mundial, entre los años 1934 y 1944. Son las llamadas Edición Haas. Pero debido a problemas internos dentro de la Sociedad Bruckner, en 1950 Haas fue sustituido por Nowak.

Leopold Nowak (1904-1991), nacido en Viena y muerto en Rekawinkel (Baja Austria), fue también un musicólogo y profesor de la Universidad de Viena hasta el año 1973. En 1946 se encargó de la dirección del Departamento de Música de la Biblioteca Nacional de Austria.  Entre los años 1950 y 1983, editó todas las sinfonías, excepto la segunda que reeditó la misma versión de Haas. Estas publicaciones son las que se conocen como Edición Nowak.

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