Satie…

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Su nombre completo era Alfred Erik Leslie Satie -1866-1925- fue un compositor y pianista francés.​ Precursor del minimalismo y el impresionismo, es considerado una figura influyente en la historia de la música y considerado precursor del teatro del absurdo y la música repetitiva. Denostado por la Academia y admirado por compositores de su época, ingresó inesperadamente en el conservatorio a los cuarenta años. Esto sorprendió a quienes lo conocían, ya que hasta ese momento su formación había sido irregular y se dedicaba, entre otras cosas, a la música de cabaret. Adoptó el nombre de Erik Satie desde su primera composición, en 1884.

En 1879 Satie entró al conservatorio de París, siendo considerado  falto absoluto de talento. Abandonó sus estudios de música… reanudándolos al cabo de dos años y medio.

El profesor Decombes  en 1879 dijo de el: «Es el estudiante más vago del Conservatorio, pero logra un sonido precioso».

Satie fue un pensador con un «gran sentido de la elocuencia», que dejó un notable conjunto de escritos. Tenía esa «chispa de rara avis» auténtica y tan difícil de encontrar al menos en el ambiente musical donde todos se creen – «genios»- Considerado por muchos  «un charlatán»… malinterpretaron sus irreverencias e ingenio.

Se presentaba diciendo:

«Me llamo Erik Satie, como todo el mundo».

O bien: las indicaciones para su Danse cuiraseé : “Paso noble y militar. Se baila en dos filas. La primera no se mueve. La segunda fila se queda quieta. Los bailarines reciben un sablazo que les divide en dos la cabeza”.

O su obra  Vejaciones  de 1893 – Una pieza de 52 compases que debe repetirse 840 veces. Setenta años más tarde, John Cage ejecuta la obra en Nueva York, encabezando un elenco de diez pianistas que se turnan durante dieciocho horas. En 1980, el tándem Hidalgo y Marchetti repite el experimento en Milán y en 1989, en Madrid, Barber y otros ocho pianistas lo repiten.

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A los 21 años, trabaja como pianista en El Gato Negro –el mítico cabaret de París. Un año más tarde, compone sus hipnóticas Gimnopedias, recreación de una milenaria danza griega sagrada que en la antigua Esparta ejecutaban los niños desnudos, y que han servido para momentos especialmente melancólicos de algunas películas, para anuncios publicitarios y fundamentalmente como música de meditación.

Virginia Careaga  en 1990 dice: «Satie recupera las escalas griegas, produciendo ese hechizo hipnótico y cautivante de las gamas orientales, construidas en secuencias de incertidumbre tonal. Es el caso de las Gimnopedias y las Gnossiennes.  Su música —«blanca y pura, sin salsa» como decía el músico— no expresa emociones o estados de ánimo. Tras el paganismo místico de sus primeras obras y el misticismo cristiano de las siguientes, Satie decide dejar de escribir de rodillas. Con un pie en el templo y otro en el café, comienza su revuelta contra el arte oficial«.

En 1891 se convirtió en el compositor oficial y maestro de capilla de la Orden Rosacruz Compuso para ella piezas de inspiración mística, como Salut Drapeau!, Le Fils des étoiles, y Sonneries de la Rose Croix.

Sus mejores amigos : Los Pintores

«Siempre aprendí mucho más de los pintores que de los músicos», declaraba con solo 25 años.

Investigó el sentido preciso de la vida en una encrucijada inexplorada entre de la seriedad y el humor.

Dos de sus frases: «El músico es quizás el más modesto de los animales, pero el más orgulloso. Es él quien inventó el arte sublime de estropear la poesía».

                       «No nos fiemos del Arte: muchas veces no es más que Virtuosismo».

Las primeras obras de Erik Satie, en la década de 1890, tendrán enorme influencia en las composiciones de Debussy  su revolución musical no hubiera sido posible sin las obras de Satie.

Desde 1898 vivió solo en Arcueil…

Suburbio de París, cultivando un modo de vida excéntrico y sin permitir que nadie entrara en su apartamento.
En octubre de 1905, Satie se matriculó en la Schola Cantorum de Vincent d’Indy para estudiar contrapunto clásico mientras continuaba con su trabajo en el cabaret.​ La mayoría de sus amigos se quedaron tan perplejos como los profesores de la Schola cuando se enteraron de su intención de volver a las aulas (sobre todo porque D’Indy era un fiel discípulo de Camille Saint-Saëns, no especialmente apreciado por Satie). Completó cinco años en la Schola, como un buen alumno, y recibió un primer diploma en 1908.

En 1910, los «Jeunes Ravêlites»,  jóvenes músicos admiradores de Ravel, expresaron su preferencia por la obra temprana de Satie (la anterior al periodo de la Schola), reforzando la idea de que Satie había sido un precursor de Debussy. Al principio Satie se sintió halagado de que al menos algunas de sus obras recibieran atención pública, pero cuando se dio cuenta de que su trabajo más reciente estaba siendo minusvalorado o despreciado, buscó otros jóvenes artistas que comprendiesen mejor sus ideas con el fin de encontrar un mayor apoyo mutuo en la actividad creadora.

Dijo de él Igor Stravinski  en 1911: «Su inteligencia aviesa me gustó al instante».

A partir de un ofrecimiento rehusado por Stravinski, quien consideraba la remuneración insuficiente, crea la serie Deportes & Divertimentos, haciendo constar en su protesta,-  la excesiva retribución del encargo.

Así, artistas como Roland Manuel, y más tarde Georges Auric y Jean Cocteau empezaron a recibir más atención por su parte que los «Jeunes».

Comienza a publicar de nuevo sus escritos, mucho más irónicos que los anteriores  Memorias de un amnésico y Cuadernos de un mamífero.

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Por 1912 vio el éxito de sus breves piezas humorísticas para piano; durante los años siguientes escribiría y publicaría muchas de ellas la mayoría estrenadas por el pianista Ricardo Viñes  a su vez comienza a incorporar apuntes e indicaciones descabelladas «Interprétese como un ruiseñor con dolor de muelas»

La trampa de Medusa

En 1913, para la ejecución de esta obra teatral en un acto,  introduce hojas de papel entre las cuerdas del piano. Kahnweiler la editará en 1921 con ilustraciones de Braque, con ella anticipa el teatro dadaísta que llegará en la década 1920. Fue  concebida a finales del siglo XIX y retomada por el compositor en 1913 y finalmente reconstruida tras haber perdido Satie el original en un taxi. Compuso siete “bailecitos” “Danzas del mono” piezas breves que servían a modo de intermedio entre escenas que, según el compositor, debía bailar un mono mecánico -Jonás- para el entretenimiento del Barón Medusa. La peculiar obra teatral tiene momentos destacables, como la escena en la cual un criado -Policarpo-reclama a su amo igualdad, anticipando la lucha de clases.

El Ballet Parade

Con Jean Cocteau, al que conoció en 1915, comenzó a trabajar en la música incidental para una puesta en escena de la obra de Shakespeare El sueño de una noche de verano. Cocteau, dedicará a Satie algunos de los aforismos de su libro El gallo y el arlequín y le propone hacerse cargo de la partitura del ballet Parade, con decorados de Picasso y coreografía de Massine.

La obra se incluye: secciones para máquinas de escribir, sirenas de barcos, dinamos y hélices, es también la primera aparición del jazz en la música europea de concierto.

Jean Cocteau  en 1918 dijo: «Satie ha enseñado a nuestra época la mayor audacia: ser sencillo»

En las notas del programa, Apollinaire acuña el término «surrealismo»

Fue un escándalo total allá donde se representó: Barcelona y Madrid por ejemplo entre otras cosas…por incluir la aparición en el escenario de un caballo de circo animado por dos hombres ocultos y por los constantes ruidos de máquinas de escribir, sirenas de vapor y ruedas de lotería. El altercado con un crítico le acarrea una semana de cárcel y una multa de mil francos.

Pero una nueva generación de compositores

Se declara satiniana: Auric, Honegger, Milhaud, Paulenc…

Duchamp

Su Música de Mobiliario (1918), concebida como fondo sonoro para actividades cotidianas, despierta la admiración de Duchamp, quien el año anterior había presentado con el título de Fontaine su célebre urinario.

La prodigiosa facultad compaginadora de Satie le permite componer simultáneamente Sócrates, oratorio para voz y orquesta inspirado en los diálogos platónicos.

«Platón es un colaborador perfecto», aseguraba Satie.

Sobre esta obra Roger Shattuck observa: «Satie, el sabio de la música, en estrecha relación con los jóvenes y desempeñando el papel de tábano y comadrona, estuvo a la altura de las circunstancias. Sócrates es la única composición de Satie que aspira a la grandeza auténtica y la consigue. El resto de su música es diversión».

Conoció a los Dadaístas

Desde 1919 estuvo en contacto con Tristan Tzara, fundador del movimiento Dadá. A Francis Picabia (que más tarde se pasaría al surrealismo),​ André Derain, Marcel Duchamp, Man Ray, etc.

Mientras tanto…

Alrededor de Satie se había formado una Escuela de Arcueil, con músicos jóvenes como Henri Sauguet, Maxime Jacob, Roger Désormière y Henri Cliquet-Pleyel.

El insistía: «No existe la escuela Satie. Me mostraría hostil. Siempre hice un esfuerzo por confundir a los seguidores en cada nueva obra».

George Hugnet dijo de él): «Inventor de un fondo sonoro calificado por él mismo de música de mobiliario, ruega al público que no escuche su música, sino que hable durante la ejecución. Escritor —pensador, sería más justo decir— de las Memorias de un amnésico, colabora en diversas publicaciones Dadá con frases cortas y opiniones insolentes extraídas de los Cuadernos de un mamífero».

Ornella Volta afirma que Satie «Tal vez sea incluso el compositor que más ha meditado sobre los límites de la comunicación musical»

El poeta José Patricio Contamine de Latour, estrecho amigo de juventud de Erik Satie, cuenta cómo  decidió intercambiar las indicaciones de técnica, tempo y carácter habituales por expresiones de invención propia: «aun más blanco si es posible», «con orgullo», «con sorpresa», «llueve», «no encienda todavía»..., que en vez de hacer referencia directa a la técnica del intérprete, indicarían el estado de ánimo más acorde a las intenciones musicales del compositor. Algunos pianistas, entre ellos el propio Schönberg, tuvieron la idea de leerlos en voz alta durante la ejecución.

Estas indicaciones fueron más escuetas en principio, pronto ganaron ciertas dimensiones, llegando a cobrar más tarde entidad poética propia al ser recopiladas, entre otros, en el libro Cuadernos de un mamífero -de Erik Satie –  El compositor ponía de de puño y letra las diversas reflexiones que hacía en distinguidas revistas de vanguardia a comienzos del siglo XX –  advirtió desde el comienzo lo siguiente:

«A cualquiera:  Prohibido leer en voz alta el texto durante el transcurso de la ejecución musical. Todo incumplimiento de esta observación levantará mi justa indignación contra el petulante. No se conceden privilegios».

La última diversión de Satie…

Tuvo lugar en 1924, a expensas  de su ballet instantaneístaRelâche – en colaboración con Picabia, para los Ballets Suecos de Rolf de Maré. Y la música de la película dadaísta Entr’acte, de René Clair, que se utilizó para el intermezzo de Relâche.

En un anuncio de la revista 391, el propio músico advierte: «Traed gafas oscuras y algo para taparos los oídos». Primera obra cinematográfica incorporada a un ballet y primera composición musical escrita para el cine, su recepción desencadena otro legendario tumulto!!!

Oh…sorpresa!!!

Poco después de su 60 aniversario, una cirrosis pone fin a las «Brillantes iluminaciones» de Satie. Braque y Milhaud lo acompañan en ambulancia al hospital. Brancusi llega a tiempo para despedirse, Maritain acude con un sacerdote que a la salida, declara: «Satie era un teólogo asombroso».

Nadie jamás… había entrado a su habitación en Arcueil desde que se mudara hacía veintisiete años. Sus amigos, descubrieron ahí después de su entierro  un «recinto encantado» similar a la tumba de Tutankamon … o la magnífica vista de las Minas del Rey Salomón

Una colección de cien paraguas, algunos jamás usados, el retrato que le hizo  Suzanne Valadon en 1893, cartas de amor y muchos dibujos.

Su colección de dibujos de edificios medievales. Cosas memorables entre ellas: siete trajes de terciopelo de su período del caballero de terciopelo. Composiciones que jamás nadie había oído hablar incluían las Vexations, Geneviève de Brabant, y otras no publicadas o no terminadas, como El pez soñador,  ejercicios de la Schola Cantorum, un conjunto no conocido de sus «piezas caninas», algunos otros trabajos para piano sin título… las cuales fueron publicadas como Nuevas Gnossiennes, Pièces Froides, Enfantines, Música de amoblamiento, etc.

Jean Cocteau dijo en 1925: «Enseñaba lo ridículo de dar importancia a los elogios tanto como a los insultos. Tenía una paciencia de ángel».

Un «Genio » del «Ingenio»

César Vallejo (1926): «El enigma de su personalidad desconcertaba a los investigadores más obstinados y sigue todavía impenetrable para muchos. Erik Satie, a quien fui presentado por Vicente Huidobro, fue durante toda su vida un hombre oscuro, pobre y sin gloria, no obstante ser el más genial de los músicos franceses. Debussy, que hizo suyas las idea de Satie, decía: «He aquí, al fin, el nuevo camino».

Darius Milhaud (1927): «El arte de Satie fue un auténtico Renacimiento. Durante un tiempo, se contentó con olfatear la dirección, luego se retiró y dejó a otros la tarea de internarse a través de la senda indicada por él».

André Breton  en 1955 lo reconoció tardíamente…«El tránsito del siglo XIX al XX no ha producido ninguna evolución espiritual tan fascinante como la suya. Tendida entre dos puntos extremos, no conozco mayor escuela de libertad con respecto a todas las convenciones, ni otra sonrisa más traviesa por encima del abismo interior, de negrísima especie, del que se escapa la bandada de sus dibujos e inscripciones caligrafiadas en absoluta soledad, tan graciosos y a la vez inquietantes».

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