«El baile de la vida»

Edvard_Munch_autorretrato

Edvard Munch – De Loten, Noruega, 1863 – y fallece en Ekely, cerca de Oslo, en 1944.

Fue uno de los máximos exponentes de la estética expresionista del Norte de Europa. En los años de su juventud, dejaría escrito el sentido de lo que querría hacer con su Arte:

«Pintaré seres vivos que respiran, sufren y aman. La gente comprenderá el carácter sagrado de mi pintura y se quitarán ante ella el sombrero como si estuvieran en una iglesia».

En 1885 llevó a cabo el primero de sus numerosos viajes a París, donde conoció los movimientos pictóricos más avanzados y se sintió especialmente atraído por el arte de Paul Gaugin y Henri de Touluse-Lautrec. No tardó en crear un estilo sumamente personal, basado en acentuar la fuerza expresiva de la línea, reducir las formas a su expresión más esquemática y hacer un uso simbólico, no naturalista, del color, y de ahí su clasificación como «pintor simbolista«.

En Noruega, pronto contó con buenas amistades e importantes personalidades políticas y literarias tuvo especial afinidad con el «Realismo Social» de Henrik Ibsen para quién realizó los escenarios y decorados de su obra: Peer Gynt

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Edvard Grieg por 1876 había realizado la «Música Incidental» homónima a pedido del autor.

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De 1892 a 1908 vivió en Alemania, especialmente en Berlín con frecuentes viajes a Noruega y París.

 

Em Berlín presentó en 1892 una exposición que tuvo que ser retirada por el escándalo que suscitó y que dio pie a la creación de la Secesión Berlinesa

 

En 1908, Munch, después de una tormentosa relación sentimental y víctima del alcohol, sufrió una grave enfermedad nerviosa, por lo que tuvo que ser recluido en el psiquiátrico del doctor Jacobsen, en Copenhague, del que salió completamente restablecido.

obra en la universidad

En 1908 volvió definitivamente a Noruega, donde recibió algunos encargos oficiales como el paraninfo de la Universidad de Oslo.

Pasó sus últimos años en soledad…

Su «Danza de la vida»

Obra de Edvard Munch, 1900,- óleo de 125×191 cm- Museo Nacional de Arte de Oslo-Noruega.

La danza de la vida
La danza de la vida

La escena está situada en una playa noruega: Åsgårdstrand, lugar muy querido por el autor al anochecer, un grupo de personas bailan emparejadas, excepto dos, que ahora bailan solas.

En las figuras del fondo no se ven los rostros del todo, apenas se perciben en el cuadro- un rasgo pictórico propio del Expresionismo. Sus movimientos parecen más rítmicos, se mueven aparentemente alegres, acompasados por una música que les debe llegar de no se sabe dónde…

Vestido rojo

El autor centra la composición a partir de la pareja que aparece bailando en primer término.

danza-de-vida-Munch

Nuestra vista, se dirige hacia el sol de medianoche del fantástico verano noruego. Aún hoy se sigue celebrando este evento en la localidad de Åsgårdstrand.

Un punto brillante amarillo que se destaca en el fondo-el sol. Hay un reflejo estilizado del sol, motivo recurrente en la obra de Munch, que supo aprovechar ese fenómeno nórdico como nadie, esto arroja magia sobre los asistentes al baile.

La pareja central con la dama vestida de rojo – Él parece mirarla fijamente, ella, sin embargo, parece no mirar. Ambos personajes absortos en su propio mundo, sin que importe el entorno. Recurre a las líneas onduladas del vestido y el cabello que se se arremolinan alrededor de él fundiendo a los amantes en una sola figura, transmitiendo esa tensión propia del artista.

En primer plano de la obra también están las dos mujeres solas, opuestas, en ambos extremos del lienzo.

Edvard Munch, La danza de la vida (1899 - 1900) (2)

A la izquierda se sitúa una joven vestida con un alegre y floreado tisú blanco que realza su pureza, junto a una flores. Sonríe y destacan sus mejillas sonrosadas, tal vez enamorada, pero, a diferencia de la mujer de rojo, ella representa la ilusión y la inocencia del amor…

Edvard Munch, La danza de la vida (1899 - 1900) (4)

A la derecha está la otra mujer solitaria. Es una mujer de más edad, vestida de negro y con el rostro entristecido, tal vez de luto, el rostro serio y las manos entrelazadas, observa a los bailarines… pero resignada a su propia soledad, simbolizando quizás, lo transitorio de la vida y el amor.

Estos personajes principales están acompañados por otras figuras en el fondo, que parecen estar completamente entregados al disfrute del baile veraniego. De entra ellas destaca la figura del hombre que parece mirar al espectador con una mueca, casi caricaturesco.

Munch reconoció tiempo después de haber pintado el cuadro que la inspiración le llegó tras bailar un verano en Åsgårdstrand -Noruega con su primer amor.

El pintor, consigue otorgar ritmo a la obra plasmando dos planos narrativos. Las formas horizontales aparentan ser simples, pero están cargadas de una fuerza intensa que el pintor resuelve con líneas ondulantes, apenas sugeridas por el movimiento del pincel. El plano vertical está definido por los personajes y el reflejo de la luz.

Nos muestra su percepción del amor y de la mujer.

Cuadro pintado en pleno romance, aparecen tres mujeres, todas ellas representaciones de Tulla en la que se recogen varias caras, que mezcla su dolor por la muerte de su madre,que apenas guardaba recuerdos, y de su hermana que la vivió de manera terrible junto con la devoción que sintió por el amor de su vida, Tulla Larsen, una mujer liberada de clase alta, muy avanzada para su época pero… quería casarse con Edvard Munch.

Los primeros ascendientes intelectuales del pintor fueron: «Los intelectuales anarquistas noruegos«… no se veía ni sentía preparado para el matrimonio. Y tras idas, venidas y recaídas del pintor por el alcohol, Tulla Larsen terminó por casarse con un colega más joven, lo que sumió al artista en un estado de desesperación.

Esa era la vida para Munch: entrega y decepción y abandono irremediable por las mujeres de su vida: su madre, su hermana, su amada Tulla. Trató de expresar fue lo inexpresable de la vida… Lo que parece que es pero no lo es, lo que parece que será pero no terminará nunca de serlo. Así mismo, como la vida, todo eso o nada de eso. Al final, después de toda esta profusa confusión apasionada, tan solo podremos llegar a pensar, si acaso, que esta será la grandeza del cuadro y aquella la del pintor…

Obra en la que se basó…

LA mujer

«Las tres etapas de la mujer» 1894, que el pintor realizó como pieza central de la serie “El friso de la vida”, fue el primero el que finalmente estuvo en la exposición de 1903.

El tema central de Las tres etapas de la mujer se mantiene en «La danza de la vida», aunque con significados más explícitos que se refuerzan con su imaginario simbólico y el uso del color. Plasma tres etapas de la vida de la mujer, reafirmando una vez más la dualidad entre el terror y la pasión, que marcaron su vida sentimental y hacen que su obra trascienda más allá de lo autobiográfico.

En su diario «Un poeta loco», dejaría escrito:

«Del mismo modo que Leonardo da Vinci había estudiado la anatomía humana y diseccionado cuerpos, yo intentaba diseccionar almas».

«Arte degenerado»

Edvard Munch fue uno de los muchos grandes artistas modernos cuya obra fue declarada “degenerada” por los nazis. Es la traducción de la expresión alemana «Entartete Kunst«, adoptada por el régimen nazi, a partir de la exposición con el mismo nombre en Munich en julio de 1937.

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Hitler, fue un pintor fallido… tenía ideas muy conservadoras en materia de arte y alentaba las obras que promovían la superioridad de la raza aria. Cualquier estilo experimental o que ignorase los cánones figurativos tradicionales era sospechoso de corrupción moral y cultural.
En 1937 se organizó en Munich una enorme exposición titulada «Arte Degenerado«, que exhibía las obras de los artistas “corruptos” confiscadas en los museos alemanes. La exposición, se burlaba de los cuadros colocándolos junto a obras de pacientes de manicomios. Los artistas, eran en su mayoría alemanes, pero los había también foráneos como: Munch, Kandinsky, La Bahaus, Piet Mondrian o Picasso por mencionar algunos.

La exposición atrajo a un numeroso público: unos dos millones de personas sólo en Múnich!!! y muchas más cuando se llevó la exposición a otras ciudades de Alemania.

Munch… pintor «degenerado»
Estos artistas “degenerados” no sólo eran objeto de burla, sino también perseguidos, apartados de sus puestos en las academias de arte, e incluso hasta se les prohibió pintar.
Las obras confiscadas a los museos alemanes fueron dieciséis mil, incluyendo 82 cuadros de Edvard Munch.

En junio de 1938, mientras que la exposición de Entartete Kunst se estaba exhibiendo en Berlín, se hizo una gran subasta de «arte degenerado» a petición del mariscal Goering. La subasta se realizó en el Grand Hotel National de Lucerna y además de obras de los mejores artistas alemanes del momento, había obras de Van Gogh,  Paul Gauguin,  Picasso, Modigliani y de Marc Chagal. El responsable se subastar las obras de arte fue Theodor Fischer.

En total se recaudaron 115.000 dólares y algunas de las obras vendidas fueron un Autorretrato de Van Gogh o «El bebedor de absenta» de Picasso. La mayor parte de estas obras se «vendieron» o se las apropiaron los dirigentes nazis… las que no fueron quemadas.
En 1940 Noruega sufrió la invasión alemana y, a pesar de que la fama de Munch se cimentó en Alemania, los nazis, opositores al arte moderno, proscribieron su obra por considerarla “degenerada” y retiraron muchos de sus cuadros de los museos noruegos.

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