«Lo hice yo…»

La Edad Media se sitúa entre dos» caídas«: al finalizar la antigüedad en el Siglo V – Caída del Imperio romano y finaliza con el comienzo de la Edad Moderna en el Siglo XV- Caída de Constantinopla.

Se caracterizó por tener una visión del mundo Teocéntrica, implicaba que el centro de todo era Dios. El arte no pudo escapar a esto. Era imposible hacer una distinción entre: arte y artesano, todas las obras de expresión se situaban en un mismo plano, cuando en la realidad, el artista no es lo mismo que el artesano. El primero «Crea» el segundo » imita».

Los llamados «artistas medievales» lo único que hacían era representar lo que se les pedía.

Durante la Edad Media, los espectadores de las obras eran las personas que acudían a la Iglesia, por lo que es lógico que entendieran las obras, y si no las conocían… aprendían a través de ellas, insertándose en el mundo de la religión. Muy lentamente comenzaron a «mostrarse» estos artistas hasta atreverse a decir de alguna manera «Lo hice yo»…

Actualmente, se considera «arte» a manifestaciones no convencionales que antes no hubiesen entrado dentro de esta categoría. Muchas veces, a través de ellas se pueden aprehender un sinnúmero de aspectos de la vida cotidiana. Los artistas contemporáneos, buscan generar controversia, mostrarse en contra de lo establecido y convencional, un desafío al mundo, situación impensada para aquellos creadores medievales.

Primeros «asomos»

En el siglo XII, en una página de un misal iluminada por el miniaturista bohemio Hildebert, encima de su cabeza aparecen las palabras «Hildebert» —la obra se conserva en la Kungliga Biblioteket de Estocolmo.

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Era habitual entre los artistas pintarse dentro de sus obras… sin indicarlo específicamente.

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Este sería Giotto en la Capilla Scrovegni de Padua hacia 1305.

Y en el siglo XV, esta forma de presentarse para ser admirado por los espectadores no había desaparecido para nada.

La firma del artista medieval, introducir su autorretrato en la obra.

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En un ciclo decorativo realizado en Perugia en 1496- Pietro Perugino,  pintor infatigable, considerado el primer artista-«empresario», con dos activísimos talleres: uno en Florencia de la década de los’70 del siglo XV, y otro en Perugia, abierto por el 1501, del cual salió la  «Escuela umbra» que difundieron su lenguaje artístico. El, colocó su retrato en un marco en trompe-l’oeil con una inscripción al pie:

«Si el arte de la pintura había desaparecido. Fue restituido. Si no había sido inventado en ninguna parte, Él lo creó».

Pinturicchio, su alumno, actuó de modo similar cinco años más tarde en la iglesia de Santa Maria Maggiore de Spello, aunque sólo escribió su nombre bajo su retrato.

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En el siglo siguiente se pudo reconocer a Andrea Mantegna cuando era joven en una Presentación en el templo que se conserva en Berlín

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Posteriormente, a una edad más avanzada, en un fresco de la Cámara de los Esposos del palacio ducal de Mantua.

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El florentino Sandro Botticelli, contemporáneo de Mantegna, introdujo su silueta en la Adoración de los magos que se conserva en el Galería de los Uffizi de Florencia.

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La identificación de estos autorretratos constituye un juego divertido sugerido hasta por el propio artista. Con frecuencia, la tradición evita cualquier tipo de esfuerzo al espectador… el recuerdo del retrato se conserva, ya que fue reconocido y comentado en vida del pintor.

Firmas: Primeras manifestaciones

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En una tabla que representa la Aparición de la Virgen a san Antón y a san Jorge (1445, Galería Nacional de Londres), Pisanello-Antonio di Puccio da Cereto – coloca su firma, PISANUS, en la parte inferior de la pintura: las letras góticas flamígeras que trazan la palabra poseen el color de los vegetales y se retuercen como si se tratara de briznas de hierba acariciadas por el viento, lo que hace que la lectura sea un jeroglífico de difícil comprensión.

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Durante los siglos XV y XVI, el norte de Europa no se situó a la zaga en la invención de firmas que llamaran la atención. Uno de los ejemplos más conocidos es la inscripción de Jan Van Eyck en el pequeño retrato de Los esposos Arnolfini. En el centro del cuadro, en el fondo de la pieza y por encima de las manos unidas de los jóvenes esposos, se observa un espejo circular colgado de la pared. Éste refleja a Giovanni Arnolfini y a Giovanna Cenami de espaldas, además de otros dos personajes minúsculos situados de frente, uno vestido de azul y otro de rojo, junto al marco de la puerta. La inscripción de dos líneas situada en la parte superior del espejo reza: «Johannes de Eyck fuit hic. 1434» En este caso no se trata de una firma propiamente dicha, sino más bien de un testimonio, un protocolo visual que convierte la imagen -el retrato de los esposos- en un acto oficial que sirve de alegato y la muestra de insuperable destreza del pintor.

Miguel Ángel jamás firmó sus obras… era muy seguro, muy respetado, único… la excepción: La Piedad del Vaticano – puesto que la gente dudaba de su autoría. Con solo 24 años había logrado semejante perfección… increíble!!!: colocó su nombre en la cinta que cruza el pecho: «Michelangelo Buonarotti fiorentino facciat«

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                                                                                                         El Inconfundible Alberto Durero y la firma de Holbein

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En los años siguientes, diversos artistas del norte de Italia escribieron su nombre en una pequeña tabla u hoja que parecía estar sobrepuesta a la composición; este objeto, denominado cartellino, era un trompe-l’oeil, el resultado de un tour de force ilusionista con que el pintor manifestaba su virtuosismo, precisamente en el lugar donde decidía colocar su nombre.

El greco colocaba «cartellinos» …

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Otra del Greco...El martirio de San Mauricio, realizada entre 1580 y 1582 durante su primer período toledano. Se conserva en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial…pero esta obra no agradó a Felipe II, que no lo contrató.

«Detalles» de Velázquez…que también utilizó «cartellinos» como vemos a Inocencio X sosteniendo su nombre.

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En «Las Lanzas» o «Rendición de Breda», el papel que está en el «suelo» del cuadro debería tener la firma de Velázquez. Pero este no firmaba cuando el cuadro se quedaba en España, tampoco firmó «Las Meninas» allí se autorretrató… era demasiado conocido como pintor.

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Vemeer y Rembrandt también tuvieron su evolución hasta lograr la firma definitiva.

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Otro fue el español :Francisco de Goya y Lucientes

En su obra llamada comúnmente » Red boy … aunque estaba pasado de moda el «cartellino» famoso, quiso hacerlo: el pájaro sostiene en el pico el papel con su nombre a los pies del niño.

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Y los maravillosos autores que estamparon orgullosos su firma en sus obras…

Picasso era capaz de pagar banquetes simplemente estampando su firma en el mantel.

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Dalí es tristemente famoso por haber firmado lienzos en blanco que posteriormente eran completados por otros pintores.

Además, permanentemente las cambiaba… 678 firmas de Dalí según pasan los años, situaciones y estados de ánimo

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Lejos quedó la mesura y el recato medieval …pensar que hoy en el mercado del arte contemporáneo lo que se paga es ante todo la firma, que estampada sobre cualquier cosa, le confiere automáticamente a un objeto ínfimo la intencionalidad y el valor de obra de arte.

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