Un artista generoso…

Raúl Soldi

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«Quiero que mi pintura tenga un efecto sedante para el alma; que transmita paz, tranquilidad y, sobre todo, poesía.«

Con estas sencillas y sincera palabras , este pintor y escenógrafo argentino, definió su pintura que enorgullecen al país y logran transmitir lo que el pretendía: Paz, tranquilidad, poesía…

Raúl Soldi nació el 27 de marzo de 1905 en la ciudad de Buenos Aires. Sus padres eran ambos músicos de profesión: Ángel era chelista e intérprete de obras líricas, Celestina de gran talento musical y su tío era luthier.  El nombre con el que lo bautizaron sus padres está inspirado en la ópera «Los Hugonotes», de Giacomo Meyerbeer. La primera residencia de la familia fue en una casa ubicada al lado del Teatro Politeama. De niño, construía pequeños escenarios de títeres, escribía y montaba obras de teatro. 

“A los ocho años yo fui el astronauta de mi barrio. Como tenia un primo que era mecánico de aviones logré volar por primera vez siendo un pibe. Aun recuerdo la paliza que me dio mi madre. Claro, no me dolió porque había logrado lo que realmente buscaba: asombrar al barrio. Muchos años mas tarde, siendo ya un pintor profesional, comprendí que asombrar no era, bajo ninguna circunstancia, la respuesta correcta. Por eso no soy de los que pretenden inventar la pintura todos los días(…) 

En su adolescencia, la familia se mudó al barrio de Villa Crespo y comenzó su interés por la pintura:

“Yo pinto música, el músico que nunca pude ser. Me crie en un conventillo que daba sobre el teatro Politeama. Viví con bailarinas, músicos, actores. Me metí en el teatro y en la música desde siempre. Mi padre era violoncelista y hubiera querido ser como él. La historia es larga…”

 A los 16 años viajó a Europa. Estuvo en varias ciudades de Alemania, entre ellas, Hamburgo y Berlín. También visitó Austria y por último, a Italia, el país de origen de sus padres. 

«Venecia me hizo pintor. En ese viaje visitamos Pinceto, el pueblo de mi madre. Me propusieron hacer un fresco en la capilla San Fermín, una capillita romántica del siglo XI. Pinté al fresco por primera vez, con mucha adrenalina, sobre su portal, la imagen del santo»

Al regreso de Italia cursó en la Academia Nacional de Bellas Artes durante 3 meses, hasta que la familia decidió volver a Italia y de esta forma continuó su formación en la Academia Brera de Milán. Se ganaba la vida haciendo carteles publicitarios, principalmente para las marcas de moda. Allí Soldi recibe un sabio consejo de De Chirico, quién le dijo: “Tú debes pintar todos los días, incluso aunque no tengas ganas”.

Cuando contaba 26 años finaliza sus estudios en la Academia y en diciembre de 1931, realiza su primera muestra individual en la prestigiosa galería “Il Millone” de Milán, en donde exhibe 25 monocopias, dibujos, pasteles y témperas. Vende una de sus obras, y al poco tiempo, es el Museo de Arte Moderno de Florencia quien adquiere otras de sus pinturas.

En junio de 1932 realiza su primera exposición en argentina en la Asociación de Amigos del Arte. Muestra en la que no le va de la mejor manera, ya que no vendió ninguna de sus obras, y hasta se ganó la burla de los que asistieron provocando risas y malos comentarios.
Tras esta muestra envía una de sus obras al Salón Nacional, pero no es aceptada, por lo que la obra fue expuesta en el Salón de los Rechazados o Salón “B”, donde se presentaban las obras que no habían sido del gusto oficial.

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Se vuelca al cine…

En 1933, comenzó a trabajar en Argentina Sono Films realizando escenografías de películas 2.400 telones decorativos para unas 8 películas… llegó a trabajar en más de ochenta producciones todo un record!!!

Durante este período le fue prácticamente imposible pintar con luz solar, por lo que estas obras poseían una tonalidad amarillenta propia de la iluminación del ambiente, a esta etapa de sus obras se las reconoce como su “período amarillo”.

Además decoraba las vidrieras de Harrod´s Buenos Aires.

En el año 1940 ganó una beca para estudiar escenografía en los Estados Unidos. Fue durante este viaje cuando conoció a Estela y tuvo lugar una exposición sobre su obra, que fue muy bien recibida. A su regreso a Buenos Aires, sus pinturas circularon por varios salones del país con muy buenas críticas. A partir de 1945, trabajó en el diseño de escenografía y vestuario del Teatro Colón como «La Boheme», de Puccini y otras

Estela quien luego sería su esposa y madre de sus hijos Diego y Daniel.

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Se casó con Estela Gaitán, que había conocido años atrás. A ella le dedicó su obra, centrada en la figura de la mujer en forma de agradecimiento por su compromiso incondicional.

«Fue entonces que Estela me hizo comprender dónde estaba mi destino, me comprometió todo su apoyo ante previsibles contratiempos económicos, y con femenina decisión, esa que no admite replicas, me dijo – basta de cine, a pintar todo el día”

El Premio Palanza se le es otorgado en 1951,por La Academia Nacional de Bellas Artes, de la que fue miembro.1960, Mención de Honor en la II Bienal de México. Ilustró también libros de poesía.

En 1953 decoró la cúpula de la Galería Santa Fe: la espiral consta de sesenta y tres figuras, reunidas en catorce escenas.

Ilustró:Las chansons de Bilitis, de Pierre Louis y 20 poemas de amor de Pablo Neruda.

Obtiene Mención de Honor en la II Bienal de México en 1960

“Siempre sentí pasión por la pintura mural, por los tapices, mas que por los cuadros pequeños. Un cuadrito es fácil de secuestrar por el que lo compra: lo coloca en un living, a veces lejano, casi siempre reducido a unas pocas personas, escondido, perdido como uno de esos amores irrecuperables. En cambio una cúpula, las paredes de la capilla de Glew, los tapices que cuelgan en bastas salas publicas, los frescos de los templos que he pintado para muchos, me acercan a la gente, me devuelven mi obra recreada por los ojos de los otros, me mantienen unido a mi pintura, puedo verla, sentirla cuando tengo arranques de melancolía y la extraño.”

En 1953 decoró la cúpula de la Galería Santa Fe: la espiral consta de sesenta y tres figuras, reunidas en catorce escenas.

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Posteriormente se tomaron algunas escenas de su obra en la» Galería santa Fe» para decorar estaciones del subterráneo de Buenos Aires en especial » Línea «D» Estación José Hernández – son murales cerámicos.

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Mural cerámico- 1,30m. x 1,80m. 1975.
Museo de Bellas Artes de la Escuela Nº 1 «General Urquiza»
Ubicada en la calle Yerbal 2370, y persiste desde el 4 de septiembre del año 1818. Es la escuela en actividad más antigua de Buenos Aires. Fue fundada como Escuela Pública de Campaña para Varones. 
Su importancia histórica no es lo único que la destaca, es la única escuela que tiene una galería de arte que funciona en el salón de actos.

El Museo de Bellas Artes General Urquiza fue fundado en 1963 por Benito Quinquela Martín, quien donó el primer cuadro: ”Hora azul en La Boca”,  en la actualidad: 320 obras -entre pinturas y esculturas de artistas como Raúl Soldi, José Murcia, Guillermo Roux y el escultor Juan Carlos Vergottini, entre otros.
«Santa Ana y la Virgen Niña imaginando sus sueños»-es reproducción del óleo de Raúl Soldi, existente en el Museo de Arte Sagrado Contemporáneo del Vaticano-Roma-Italia.

Sus veranos en Glew

… trabajo generoso

Por aquellos años, en la década del 50, visitó por primera vez el pueblo de Glew, a unos pocos kilómetros del centro de Buenos Aires. Era, por entonces, como le describía…

“…un páramo desolado, una casita cada tanto, un hombre de a caballo, un carro, unas gallinas atravesando la calle, picoteando entre el polvo reseco de la huella”.

Y el maestro Soldi quedó ligado a Glew, su historia surge a partir de 1947 gracias a la invitación de una familia amiga que tenía una casa allí.

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Al llegar queda tan agradablemente sorprendido por lo que sus ojos contemplan…si… había descubierto “su paisaje”…su lugar en el mundo!

Seis años más tarde, y durante los próximos 23 veranos, comienza a pintar en la Iglesia de Glew, una de sus obras más importantes.

Llegaba con su familia en el mes de diciembre y volvía a Buenos Aires en el mes de marzo para que sus hijos pudieran asistir a las clases del colegio.

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Un total de trece murales que relatan episodios de la historia de Santa Ana, madre de la Virgen María.

En todos ellos utiliza el procedimiento renacentista al fresco -pared húmeda y mezcla de color y caseína-exceptuando «Los trabajos domésticos de Santa Ana«, que utilizó el procedimiento en «seco»

Para esta obra tuvo que «estudiar» la Biblia y los evangelios «apócrifos» que relatan la vida de santa Ana…y todas las escenas de la Capilla están ambientadas en el pueblo de Glew. Por eso en su obra uno encuentra molinos de viento, la biblioteca del pueblo y hasta la fachada de la capilla.

Todavía quedan vecinos que recuerdan a Soldi pintando la capilla. Los que tuvieron esa fortuna rememoran el arduo trabajo encarado: «comenzaba picando las paredes, luego las volvía a revocar y solo recién daba inicio a la primera pincelada. Si se equivocaba en un trazo, volvía a picar para hacer de nuevo el trabajo».

«Cuando conocí el pueblo de Glew, hace aproximadamente 33 años, sus calles eran transitadas por sulkies, volantas y jinetes y daba la impresión de estar a centenares de kilómetros de Buenos Aires. Pasé inolvidables semanas recorriendo el lugar con mi inseparable caja de colores en busca de paisajes, cuando descubrí esta pequeña capilla inaugurada en 1905, año de mi nacimiento, rodeada entonces por un huerto lleno de frutales. Ver sus paredes blanqueadas y su interior solitario y silencioso me dio la idea de llenar espacios existentes entre pilastras y los lunetos con pinturas pintadas al fresco que relataran la historia de Santa Ana, madre de la Virgen María. También pensé en incorporar a los temas bíblicos paisajes del lugar, para que este quedara allí, sobre los muros del templo, como documento de una época».

A sólo 34 kilómetros de Buenos Aires, el gran artista plástico quedó deslumbrado por la tranquilidad de aquel pueblo tambero, sus arboledas frondosas, el silencio a la hora de la siesta, llegó al pueblo con 46 años y se enamoró del lugar y decidió comprar una casa de fin de semana, donde pasaría largas temporadas estivales.

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“Trabajé durante veintitrés veranos; al lado de la capilla había un huerto con frutales (hoy en día hay una escuela). El padre Jerónimo me traía frutas del huerto. Yo las iba comiendo mientras trabajaba: ciruelas al principio; luego duraznos, peras e higos; cuando comía uvas me daba cuenta de que el trabajo correspondiente a ese verano llegaba a su fin. También nos acompañaba el padre Domingo, que venía a Glew en los veranos y tocaba Bach en el armonio de la iglesia. Jerónimo me pagaba por cada mural que concluía con una gallina y una docena de huevos frescos. Fueron los veranos más felices de mi vida”.

En 1979, junto a su esposa, Soldi constituyó la Fundación Santa Ana de Glew, donde donó gran parte de su obra, actualmente es la Fundación Soldi.

Al final ,esta se inauguró en 1982.

El maestro decidió donde iba cada cuadro, cómo colgar cada uno. Arriba hay un departamento chiquito donde vivía, y los domingos si se iba «de visita» recibía personalmente con el mate. En La Fundación se encuentra la colección privada del artista y culminó su sueño donando una Biblioteca instalada en un edificio de un viejo almacén. La bautizó con el nombre de su amigo el escritor, poeta y ensayista tucumano: Pablo Rojas Paz.

(…) El mal de nuestra cultura, y tal vez de nuestro país, es el exceso de individualismo. Cada cual piensa en sí mismo. No hay espíritu de grupo. Existe también el problema del dinero. La gente en general habla constantemente de dinero. Es una especie de locura. Hoy si me preguntan cual es mi mejor obra, yo diría que la escuela para adultos que funde en Glew. Hombres y Mujeres que ya son padres están aprendiendo a leer y escribir. Es mi aporte a los demás (…)

Durante el día la Biblioteca es un apacible recinto de investigación y lectura, de noche, se convierte en una Escuela primaria para adultos.

Su trabajo más ambicioso…

La cúpula del Teatro Colón de Buenos Aires

«Alegoría a la música, al canto y al baile»

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En 1966, Raúl Soldi decora la cúpula del Teatro Colón. En un principio, la cúpula tenía pinturas del artista francés Marcel Jambon, las cuales se deterioraron en los años 30. Durante un proceso de restauración, se decidió crear una nueva pintura en lugar de rescatar las originales.

Manuel Mujica Láinez, el escritor, tuvo mucho que ver en esto, animó a su amigo Soldi aceptar el trabajo, luego describió la obra como un «suave ballet policromo» que representa la vida teatral en diferentes aspectos. En el trabajo, no faltan los instrumentos musicales y los actores que se entretienen en un intervalo. Mientras esperan, juegan al ajedrez. Esta imagen surgió de la infancia de Soldi, que acompañaba a su padre, talentoso cellista, al Colón y a sus camarines.

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«El proyecto nació porque después de tantos años se había visto la cúpula pintada de un color gris, desagradable y oscuro. Y cada vez que la miraba pensaba que eso no correspondía a nuestro teatro»

Soldi quedó encantado con la idea, en especial porque su padre participó en las producciones inaugurales en 1908 y él se sentía parte de todo eso vivido en su infancia. La técnica es: la tela pintada al óleo y luego adherida al muro.

«Me llevó un año en el teatro San Martin realizar los bocetos y una maqueta, en la que estudiaba la desproporción que debía existir para ser vista desde abajo con los efectos de la comba (curvas) de la cúpula. En la maqueta se veían todos los problemas y si usted presta atención, verá que algunas figuras tienen las piernas largas y el torso corto, otras el torso largo y las piernas cortas, porque como la cúpula es abovedada, se hizo necesario compensar las deformaciones que presentaba, utilizando esas proporciones. Mide veintidós metros y mis estudios fueron el verdadero sentido creativo. Son cincuenta y tres figuras en cuatrocientos metros cuadrados!«

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Durante el verano de 1966, Soldi comenzó su trabajo para la cúpula del Teatro Colón. Durante 41 jornadas trabajó incansablemente desde las 7am. hasta las 6pm. realizando -16 telas para fijar en la cúpula.

Detalles de la cúpula

Según Raúl Soldi «utilizando los dominantes tonos verde Veronés mezclados con blanco, para dar la sensación de altura y liviandad.«

El verde veronés, era el utilizado por Paolo Veronese pintor italiano del s. XVI. La técnica provenía del siglo XIV, como lo demuestran las pruebas microscópicas en pinturas de la época. Consistía en que sobre un lienzo o pared de yeso se imprime una primera capa de blanco de plomo, luego una segunda capa de una mezcla verdosa -mezcla de verde con blanco de plomo y con amarillo de plomo y estaño y como capa superficial una resina de cobre que es de color verde esmeralda. La resina de cobre era una mezcla genérica de sales verdes de cobre, trementina de Venecia y cera.


Esta obra fue presentada oficialmente en la «Gala» del 25 de mayo de 1966 –Día Patrio – y está dividirla en 4 grupos: los instrumentos musicales, un grupo de actores, un conjunto de músicos y 3 actores por ingresar a escena, tienen un total de 51 figuras que cubre los 320 metros cuadrados de la cúpula y fue donación del artista..

«Luego debí pintarla en solo dos meses, cuando el teatro estuviera en receso. Cuando subí por primera vez, confieso que tuve miedo. Son 320 metros cuadrados. Esta hecha de tirantes y yeso belga. El yeso belga es muy antiguo y al fraguar, forma una materia semejante a la madera; este es el secreto de su maravillosa acústica. Esta cúpula es como la caja de un violín. Me ha tocado trabajar cuando ensayaba la orquesta. Es extraordinario. La música los envuelve…”

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En el centro de la la cúpula pintada por Soldi,  la «Araña» francesa  de Bronce pulido de  7 mts de diámetro con 700 luces de fines del s. XIX que completa la obra.

Todo un honor…

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En 1968, pintó al fresco un mural en Israel invitado por la Casa Argentina en Israel -Tierra Santa. Un fresco de seis metros de alto por dos y medio de ancho junto a uno de los seis altares de la cúpula de la Basílica de la Anunciación en la ciudad de Nazareth, erigida sobre la ruta en que vivió la Sagrada Familia y donde transcurrió la infancia de Jesucristo. El trabajo le tomó sesenta días.

En julio de 1987 su cuadro «La Virgen y el Niño» fue incorporado a la colección de arte sacro de los Museos del Vaticano en Roma. La obra había sido obsequiada al Papa en ocasión de su visita a la Argentina en 1982. Esta fue la segunda de las obras de Soldi incorporada a la famosa colección de la Santa Sede.

y una vida feliz

(…) A mis 72 años, sigo conservando costumbres de mi juventud: tomar largos mates, me levanto de golpe en medio de la noche y retoco un cuadro, grito cuando termino una pintura y bailo solo si me sale bien. Los fines de semana salgo con mi cámara a filmar lugares y personas. Muchas tardes voy a la iglesia de San Isidro y me siento a meditar. Ahí me siento en paz.” 

Falleció en Buenos Aires el 21 de abril de 1994 a sus 89 años, dejándonos bellísimas figuras y paisajes de serenidad y armonía, más de 3,000 óleos, acuarelas, pasteles y litografías que hoy forman parte de colecciones de clase mundial como la Galería Uffizi, los Museos Vaticanos y el Museo Nacional de Bellas Artes de su país- Argentina.

Designado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, recibió en 1992 el gran homenaje en las Salas Nacionales de CulturaPalais de Glace. El 28 de agosto de ese año, se inauguró la mayor exposición de un pintor contemporáneo en la historia de la Argentina con 243 obras, entre óleos, pasteles y grabados, que abarcaban su fecunda trayectoria artística y más de 500.000 visitantes le manifestaron su gran amor al maestro.  Una exquisita muestra de su obra generosa por todos los lugares donde pasó y un admirado recuerdo en todos aquellos que aman la delicadeza sutil de su arte.

“ La obra de un pintor es todo: lo que hizo y lo que aún esta por hacer.
No se la cantidad de cuadros que he hecho en tantos años
como no se la cantidad de sueños, tristezas y goces.
Quizás pueda decir que fueron pocos muy buenos, bastantes regulares y muchos malos.
Toda obra de un hombre es siempre eso, imperfecta.”

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Fuentes : La Nación, Página/12, Revista Sudestada, Clarín, Academia Nacional de Bellas Artes, MNBA.

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