Eyam

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Es un pequeño pueblo de Derbyshire, Inglaterra situada a 56 kilómetros al sureste de Manchester, ciudad dormitorio actualmente de unos 900 habitantes. Conocido por ser «la aldea de la peste», la cual asoló el lugar en 1665.

La Peste Negra

Antes que la plaga continuase su viaje más hacia el norte, el pueblo demostró su valor imponiéndose una rigurosa cuarentena.

Sólo en Londres fallecieron 100.000 personas, una cuarta parte de la población de la capital. En medio de esa devastación, en el Distrito de los Picos de Eyam, tuvo lugar el heroico sacrificio del pueblo en la historia de Reino Unido y gracias a ese acto de autocuarentena que se impusieron… la peste negra dejó de propagarse.

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La famosa»peste» fue llevada a Eyam en un fardo de ropa, infectada por pulgas, traído por el sastre  local, Alexander Hadfield, desde Londres. Por ese entonces Eyam tenía unos 350 habitantes.

En menos de una semana, el sastre murió. Después de las muertes iniciales, la gente del pueblo se dirigió al reverendo William Mompesson y el ministro puritano Thomas Stanley en busca de ayuda y consejo. Introdujeron varios métodos de precaución para frenar en lo posible la propagación de la enfermedad desde mayo de 1665.

Se incluía en el convenio que la sepultura de la víctimas las llevasen a cabo los propios familiares…el cambio de lugar de los servicios parroquiales, en la iglesia de St. Lawrence – era al aire libre, en la calle, para permitir a los aldeanos estar separados unos de otros, reduciendo el riesgo de contagio.

Muy importante

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La decisión más acertada sin duda fue la cuarentena de todo el pueblo para prevenir que la infección llegase a poblaciones vecinas.

La peste continuó en Eyam durante 16 meses y acabó con la vida de al menos 260 aldeanos; sólo quedaron 83 supervivientes, de unos 350 habitantes.


La supervivencia parecía aleatoria, ya que muchos de ellos habían tenido un contacto muy cercano con la bacteria, pero nunca enfermaron.

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Por ejemplo, Elizabeth Hancock nunca se contagió, pero enterró a sus seis hijos y a su esposo a lo largo de ocho días-tumbas son conocidas como las «sepulturas de los Hancock«.​

El enterrador del pueblo también sobrevivió, a pesar de que tuvo que transportar y tratar muchos cadáveres infectados.

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Tuvieron que desarrollar estrategias para lograr que nadie saliera y para que los habitantes siguieran recibiendo alimentos y otros suministros.

Por ejemplo, marcaron el perímetro con hitos, hicieron agujeros en las piedras con las que rodearon el pueblo, y depositaron en ellas monedas impregnadas en vinagre. Así, los comerciantes de los alrededores podían recolectar el dinero con la tranquilidad de no contagiarse, y dejar a cambio sacos con carne, cereales y utensilios varios. En esas piedra hoy los turistas colocan monedas, en honor a las víctimas de la peste negra.

La reacción de los residentes ante la noticia de la cuarentena sigue siendo materia de debate. Como era lógico algunos trataron de huir, pero la mayoría aceptó la medida estoicamente. Huir… ningún pueblo los recibiría con una calurosa bienvenida…

A medida que los muertos se multiplicaban, las ruinas se iban apoderando del pueblo. Las carreteras comenzaron a desmoronarse y las plantas empezaron a invadir el camino de los desatendidos jardines. Los habitantes dejaron de recoger los cultivos, dependiendo enteramente de los paquetes que les entregaban los comerciantes de los alrededores.

Convivían con la muerte, sin saber quién sería el próximo en sucumbir a una enfermedad que no entendían.

Para la primera mitad de 1666 ya habían fallecido 200 personas. Cuando el cantero murió, los vecinos no tuvieron otra opción que grabar sus propias lápidas y la mayoría, como Elizabeth Hancock… enterrar a sus propios muertos.

Arrastraban los cuerpos calle arriba, tirando de una cuerda que habían atado a sus pies, para evitar cualquier contacto. Pero a pesar de estas precauciones, para finales del año habían muerto 267 de los 350 habitantes de Eyam.

Motivo de investigación

La peste bubónica o Peste Negra de 1665 fue similar al ébola en 2015, solo que sin conocimientos médicos y sin ninguna vacuna disponible.

Decían que quienes sobrevivieron tenían una ventaja que hoy se cree que fue un cromosoma- que impidió que cayeran enfermos. Estudios indican que los habitantes de Eyam podrían haber tenido alguna clase de protección de origen genético frente a la peste bubónica. Una mutación del gen CCR5, conocida como «Delta 32», fue encontrada de una forma estadísticamente significativa (un 14%), de descendientes directos a los supervivientes a la plaga, cuando la mutación Delta 32 es algo extremadamente raro. De hecho, los niveles de Delta 32 encontrados en Eyam sólo fueron igualados en regiones de Europa que fueron afectadas por la peste, y en americanos con ascendencia europea. También se ha sugerido que la mutación Delta 32, si es heredada por ambos padres, podría proveer inmunidad hacia el VIH/SIDA.

Otros creyeron que fueron los rituales supersticiosos, o fumar tabaco, o rezar con fervor, fue lo que los salvó.

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Jenny Aldridge, gerente de operaciones para visitantes de la mansión Eyam Hall, cuenta cómo identificaban las víctimas la enfermedad que acababan de adquirir.

Según Jenny, percibían un «olor dulzón«. Así le ocurrió a la esposa del reverendo William Mompesson, Katherine. Ella notó ese extraño aroma la noche antes de caer enferma, y supo que había sido tocada por la peste.

Lo terrible era que el olor provenía de su interior, de la descomposición de sus propios órganos, y que sólo sus glándulas olfativas podían captar. La gente comenzó a llevar máscaras rellenas de «hierbas perfumadas», para escapar de oler esa dulce esencia, cuenta Aldridge.

Catorce meses después… la plaga desapareció, casi tan repentinamente como había llegado.

La vida volvió a la normalidad y el comercio se reanudó con relativa rapidez, porque la minería del plomo, la principal riqueza de Eyam, era demasiado valiosa para ser ignorada.

Hoy, la señorial casa Eyam Hall, una mansión de estilo jacobino del siglo XVII, sigue recordando la época de la «Peste Negra».

Se puede leer a la entrada de Eyam un cartel que desde 1666 advierte:

«Cualquier medida que se tome antes de una pandemia parecerá exagerada. Sin embargo, cualquier medida que se tome después de ella parecerá insuficiente».

Ahora, en plena pandemia del coronavirus, este pueblo del centro de Inglaterra se inquieta ante la llegada de visitantes que ignoran las consignas que se deberían seguir a rajatabla.

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El cementerio de Eyam contiene una cruz celta, datada alrededor de los siglos VII u VIII. Inicialmente estaba situada junto al sendero de carretas que llegaba a Eyam. Después de la epidemia de la peste, fue trasladada a su posición actual.

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