El cuestionado «Rococó»

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El Rococó es un estilo que, a diferencia del Barroco, es totalmente despreocupado de las cuestiones éticas.

Si lo Barroco estaba al servicio del poder absolutista, el Rococó, al servicio de la aristocracia y la burguesía. Un arte para la aristocracia del siglo XVIII, amante de lo mundano y frívolo.

El término «rococó» tuvo durante mucho tiempo un sentido peyorativo, antes de ser aceptado a mediados del siglo XIX como un término propio de la historia del arte.

Esta sociedad de mediados del siglo XVIII, ansiaba la libertad, el buen gusto, sobre todo el placer… la élite artística e intelectual se reunía en salones que a la cabeza estaban damas aristócratas tan poderosas como madame Pompadour.

 Retrato  de Madame Pompadour-1756-François Boucher
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Coincidirá este período con el reinado de Luis XV, los nobles abandonan Versalles estableciéndose en sus hermosos palacetes de París que van a ser embellecidos con profusa decoración de este estilo.

Por esa, razón el arte se trasladó a un formato más pequeño para lucir en los muros de estas salas y no en los palacios.

Es un estilo de «artes decorativas» donde predominan las formas curvilíneas, con brillante y espectacular dorado.

«Estilo galante«.

El nombre proviene del verbo galer, que en francés significa ser: «valiente y hábil en el trato con las mujeres.»

«El galante» era quién sabe tratar y complacer a una mujer. La mujer se convierte en el foco inspirador de la pintura, bella, sensual, culta, que seduce al hombre y participa con él en aventuras prohibidas.

Pululan las «Fiestas galantes» y «campestres», con damas exquisitamente ataviadas, rigodones… el rigodón era una danza cuya invención se atribuye a Rigaud, también minués y múltiples aventuras amorosas.

Se recuperan personajes mitológicos como Venus y Cupido que se entremezclan en las escenas dotando a las composiciones de un cierto desenfado.

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La expresión de Talleyrand– figura discutida si las hay de la época, la define como:

“quien no ha vivido antes de 1789 no conoce la dulzura de la vida”

Una época en la que el adulterio y el pecado eran vistos casi como «bellas artes«. Perseguir cortesanas, jugar al escondite o columpiarse mientras se escuchan las risas picarescas en bosques y jardines… eran el «deporte nacional de la nobleza francesa» de esos dorados años de los colores pastel.

Eran comunes las «bodas por interés«, concertadas para unir dinastías familiares, concentrar poder y riqueza. Ese era el objetivo: incrementar el patrimonio con el matrimonio, asegurar la descendencia y ambos, vivir su sexualidad por separado.

Surge formalmente «el Rococó».

Según el escritor Arnold Hauser: “La ruptura del rococó se realizó en la segunda mitad de siglo XVIII; la fisura entre el arte de las clases superiores y el de las clases medias era evidente.”-

Las modas francesas en arquitectura, pintura, muebles, trajes etc. fueron copiadas hasta el hartazgo en sitios tan distantes como las cortes de Catalina la grande en Rusia, María Teresa en Viena. En Polonia, en Dinamarca inclusive el idioma francés era hablado con mayor fluidez que en la misma Francia.

Y aunque parezca mentira … en estos ambientes se entablan discusiones donde aparece el «espíritu de las luces y la razón»

Pasando la segunda mitad del siglo, se le pregunta al pintor francés Gabriel François Doyen si quería realizar un cuadro de la naturaleza erótica. El rechazó de inmediato la oferta objetando: “yo no pinto cosas de esas” y pasó el encargo a Jean Honoré Fragonard, quien no tuvo ningún problema en representar la escena siguiendo las indicaciones del cliente.

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LOUIS GUILLAUME BAILLET, baron de SAINT-JULIEN 

El comitente era el Barón de Saint-Julien, que quería un retrato de su amante en un columpio empujado por un obispo, mientras que él estaba en posición de poder ver bajo la falda de la dama en cuestión. La insistencia del barón que fuera un obispo probablemente, era una broma privada, él ocupó un puesto importante en la Iglesia, como Receptor General del clero francés.

Fragonard acepto el encargo, solo reemplazó al obispo con la figura de un marido mayor, cumpliendo al pie de la letra.

Aunque parezca insólito, fue honestísimo en su trabajo haciendo de esta obra una dura crítica, una verdadera rebelión hacia la frívola sociedad de entonces.

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Jean Honoré Fragonard -1732-1806

Al igual que François Boucher, Fragonard es considerado el pintor de la frivolidad rococó, aunque pintó paisajes inspirados por pintores holandeses, pinturas religiosas o mitológicas, sus escena de» felicidad» son sencillamente: «Prodigiosas».

En 1752, con apenas veinte años, Fragonard ganó el premio más prestigioso del arte francés: el Prix de Rome, lo que significaba su consagración en el ámbito de la Academia Francesa, que subvencionaba este premio, el cual consistía en un viaje a Roma para estudiar el arte de los clásicos y los maestros antiguos.

Con una inusual temperancia, no aceptó de inmediato el premio, consciente de que todavía no estaba totalmente formado, trabajó durante tres años en el taller de un pintor que por ese entonces era el principal rival de Boucher y tal vez el mejor retratista de su tiempo: Charles-André van Loo.

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En París, a su regreso de Roma, presentó su pintura de temática italiana «Coreso y Calírroe«, que le valió para ser admitido en la Academia, lo cual le aseguraba la más alta posición entre los artistas franceses. Se dice que el mismo Diderot, director de la Enciclopedia, alabó esta obra y fue adquirida por el propio Luis XV. Con este hecho, Fragonard, se convirtió en un respetado académico, además ingresó al círculo íntimo del rey y de la corte..

Su colorido precioso, claro, luminoso con tonos dorados -se lo ha llamado «el pintor de los amarillos» …»de los rosas», lo cierto es que sus composiciones despliegan alegría. Dignos de mención son sus retratos, con niños sanos y rubicundos, hubo una serie llamada de «fantasía» o de «trajes de fantasía»,

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El maestro realizó un buen número de retratos protagonizados por Jean-Claude Richard gran admirador de su obra dentro de esa serie de 1769-70. También Diderot y la carta

Personajes vestidos «a la española», es decir, con trajes pintorescos de fantasía, representados con una técnica suelta, evocadora en ocasiones de la de Frans Hals, con golpes de brocha y brillante colorido.

«El gusto de la corte» y de la aristocracia, marcaron la temática de Fragonard, que se volvió voluptuosa y superficial, pero dotada de un excelente dibujo de gran calidad y belllísimo colorido.

Puso de moda también los monumentos antiguos franceses –Maison Carrée de Nimes- Pont du Gard– e incluso pasó a lienzo algunos de sus apuntes tomados en directo en sus recorridos por las calles parisinas, como el de la demolición de las tiendas del Pont Neuf o el incendio de la Opera. Vistas simplemente poéticas, en la Galería del Louvre.

Madame du Barry, fue la última amante oficial del rey. Quién estaba «encantada» con sus cuadros y poco después lo «desecho» terminantemente. Esas obras que pasaron a decorar el salón de la casa Fragonard en su pueblo natal y hoy enriquecen la Colección Frick de Nueva York.

El pintor la retrata en El encuentro-1771-72-Jean-Honoré Fragonard

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Su pintura floreció en ese ambiente » galante » durante veintiocho años, hasta que la revolución acabó abruptamente con su fama, abandonando París en 1793 para refugiarse en Grasse ,su ciudad natal, donde todavía hoy la perfumería es su principal industria.

De los 74 años que vivió Fragonard, de 1764 a 1785 tuvo éxito.

Su obra, plantea problemas pues raramente las firma, pocas son las fechadas y menos las documentadas.

La gran aceptación que tuvieron en su momento, produjo una enorme cantidad de copias e imitaciones. El mismo repitió sus composiciones e incluso encargó a su mujer y a su cuñada, ambas pintoras, que realizaran algunas de ellas.

Durante la Revolución, vivió en su pueblo natal, Grasse 1790-1791 con su primo Alexandre Maubert en su casa de campo, se convirtió en la Casa-Museo Jean-Honoré Fragonard en 1977.

Posteriormente, fue un miembro de la Ciudad de las Artes en 1793. fue nombrado uno de los curadores del Museo del Louvre por la Asamblea Nacional después de la intervención de Jacques-Louis David.

En 1805, todos los artistas residentes, incluyendo Fragonard, son expulsados ​​del Louvre por decreto imperial, tras la reorganización del edificio en el Museo Napoleón.

Pobre y enfermo murió olvidado en 1806, el funeral se celebró en la iglesia de Saint Roch y enterrado en el antiguo cementerio de Montmartre. Su nombre no volvió a ser mencionado en la historia del arte durante más de cincuenta años que se le devolvió su justa fama como gran maestro de la «Pintura rococó «y su sitial como artista de gran envergadura fuera de toda discusión.

El columpio –

Les Hasards heureux de l’escarpolette, es el trabajo más conocido de Fragonard-1767 -Tamaño discreto de 81 cm × 65 cm en la Colección Wallace– Londres.

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Esta obra, es una de las «Cumbres del Rococó francés «, refleja a la perfección la mentalidad de la época. Elige el rosa para el vestido, este color se empezó a usar en la era de la Ilustración. La aristocracia, María Antonieta y Madame Pompadour amaban este color, lo usaban tanto mujeres como hombres, lo llevaban como símbolo de «buen gusto» y «clase».

Es una «escena galante» donde la luz proviene de la esquina superior derecha y da de lleno en la joven de llamativo vestido, dejando el resto de la composición en sombra.

La joven sentada sobre un columpio lujoso, con asiento de terciopelo rojo, como si fuera un pedestal: La dama es el «objeto de valor», Ella, deja ver sus piernas con medias e incluso un liguero, inaceptable para la época, que trae a la memoria el famosos «Cancán«, baile desenfrenado y erótico que surgió posteriormente con la misma intención… atraer al espectador al glamur y al erotismo. El sombrero que lleva puesto la dama era utilizado únicamente por las mujeres jóvenes casadas de la época, nos aclara que es un «matrimonio concertado«… fuerte crítica al matrimonio aristócrata.

El joven entre rosales, de color de rosa, sería el comitente… en un jardín infinitamente distante de Versalles... no mira a la dama, sino sus piernas que ella eleva dejando escapar su zapato en un “striptease» de lo más artístico.

Fragonard hace una crítica a la búsqueda sexual de la época, dejando a la dama rodeada del «deseo erótico»...era esa la triste posición de la mujer en la sociedad francesa… por un lado, el poder político en la burguesía y por el otro, deseo sexual.

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Aquí, la influencia italiana del pintor, sutilmente plasmada: el joven, hace referencia a la postura de Adán en » la Creación» de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina.

Sobre un pedestal …se supone Cupido con un dedo sobre sus labios en señal de lo «secreto» de este idilio «que nadie lo debe saber»

El hombre mayor, el marido, vestido de manera elegante, está sentado en una banca de piedra en la penumbra de la pintura, completamente olvidado por la dama. Detrás a lo lejos una mansión… como para no dejar dudas de su «status social».

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Pero este buen hombre está sin su sombrero, que identifica su poder en la sociedad. Al tenerlo separado de su persona nos indica: falta de autoridad sobre la mujer y la situación. Agrega otra obra escultórica con dos querubines sobre un panal de abejas: el ángel de la izquierda parece estar preocupado, mira a la dama, mientras el ángel de la derecha no, la cual, podría ser una reflexión sobre los dos lados de la situación y el peligro que esta conlleva.

El panal indica, que todo se puede descontrolar fácilmente y resultar un desastre… ambos querubines se apoyan sobre un delfín, carruaje de Venus, la diosa del amor en la mitología Romana. Ellos tienen el control sobre el delfín, conduciendo y obligando «el surgimiento del amor».

Frente al marido, entre ramas quebradas asoma una verja, vemos un pequeño perro –símbolo de la fidelidad, que ladra desesperado para advertir el «peligro» a su dueño … que está en lo suyo… no no lo escucha.

Debido a su frivolidad y desenfadado , la pintura sigue siendo favorita del público e incluso se ha vuelto parte de la cultura pop y de la moda. Quizás el ejemplo más notable sea el del diseñador de moda Manolo Blahnik, quien diseñó un par de zapatos inspirados en El columpio para la película Marie Antoinette de Sofia Coppola, que ganó en el 2006 premio «Os al mejor diseño de vestuario.

Pero El columpio perdura por esa «alegría contagiosa» que transmiten de sus colores pastel, su iluminación y su osadía. Detrás de tanta vanalidad, está el destino trágico y final de una sociedad frívola e indiferente que sucumbió tras la Revolución Francesa de 1789.

Fragonard ciertamente, fue «una mano maestra» dentro de la Historia del Arte.

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