«Rara Avis»…

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Una historia increíble … pero real es la del francés Paul Groussac nacido en Toulouse, Francia, en 1846.

18 años más tarde, desembarcó en Argentina. Totalmente audaz, sin conocimiento alguno de la lengua castellana pero con infinito coraje y deseos de aprender rápidamente.

En su primer año aprendió el idioma, mientras cuidaba ovejas por San Antonio de Areco en la provincia de Buenos Aires. Un año más tarde regresó a la ciudad Capital y ejerció la docencia.

Por 1870 obtuvo una cátedra de matemáticas en el siempre famoso Colegio Nacional de Buenos Aires, fundado por Bartolomé Mitre a solo dos años de haber llegado.

Y fue allí donde conoció a José Manuel Estrada y Pedro Goyena, hoy próceres ,dos hombres de letras y gran participación política ambos dirigían «las tertulias «de la “Revista Argentina”, de las que Groussac formó parte.

Prontamente escribió en diarios y revistas, y se convirtió en director de la Biblioteca Pública de Buenos Aires, hoy Biblioteca Nacional, creada por Decreto de la Junta de Gobierno de la Revolución de Mayo el 7 de septiembre de 1810. Inaugurada el el 16 de marzo de 1812 por el Dr, Mariano Moreno actual prócer nacional.

Es la principal biblioteca argentina y una de las más importantes de América y estuvo en ese puesto nada menos que por 45 años.

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Su gestión resultó increíble.

Bajo su mandato, y en el propio año de su asunción -1885, la Biblioteca alcanzó nada menos que el carácter de Nacional. Fue Paul Groussac quien sentó las bases de tal institución, y quien inauguró su anterior edificio, situado sobre la calle México.

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Fue allí, en el corazón del querido barrio de San Telmo, que la Biblioteca Nacional funcionó hasta el año 1992 a modo de gratitud, se rebautizó el edificio : “Anexo Sur Borges-Groussac”

Paul Groussac había visto vida pasar por delante de su escritorio toda la historia argentina.

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El nacimiento de la Unión Cívica Radical, la inauguración de la Avenida de Mayo, la fundación del Partido Socialista, la aparición del tranvía eléctrico, la apertura del nuevo Teatro Colón, los festejos del Centenario de la Independencia, la sanción de la Ley Sánez Peña, y hasta el desarrollo de la Primera Guerra Mundial como telón de fondo, entre tantísimos e importantísimos otros acontecimientos.

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Todo ello vio pasar Paul Groussac y quiso dejar huella de “Los que pasaban”, tal y como tituló a su libro publicado en 1919. Decidió contar la historia del país que lo había acogido, desde su llegada a Buenos Aires hasta el estallido de la primera Gran guerra internacional.

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José Manuel Estrada y Pedro Goyena, sus referentes de juventud, hasta Carlos Pellegrini, Nicolás Avellaneda y Roque Sáenz Peña.

Durante su gestión …

Contribuyó a la sistematización creando, entre otros, un Catálogo Metódico de la Biblioteca Nacional, un Catálogo de documentos del Archivo de Indias, un Catálogo de revistas y periódicos y un Repertorio Cronológico y Alfabético del Catálogo de Documentos; también fundó dos publicaciones, La Biblioteca y Anales de la Biblioteca.​

Amplió el patrimonio bibliográfico… aumentado en gran cantidad en 1893 la Biblioteca contaba con 62.707 volúmenes, y construida una nueva sede en el número 564 de la porteña calle México.

Entre 1900 y 1915 Groussac organiza los Anales de la Biblioteca, una publicación en 10 volúmenes que dedicada a “documentos relativos al Río de la Plata” y en la cual también participa activamente.​

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La Revista de la Biblioteca ​

Fundada en 1886, publicaba artículos sobre historia, ciencias y letras, en ella escribieron grandes intelectuales de la época.

A partir del primer número, Groussac fue publicando allí una completa historia de la Biblioteca Nacional, fruto de sus investigaciones historiográficas. En 1898, a raíz de la polémica con Norberto Piñeiro sobre el Plan de operaciones, Groussac recibe un» llamado de atención» del ministro de Justicia Culto e Instrucción Pública, quien le recuerda que Piñeiro es en ese momento era diplomático argentino y que la revista La Biblioteca, desde la cual el francés atacaba a este último, recibe fondos de la nación. En respuesta al ministro, Groussac anuncia el cierre de la publicación​ que contaba en ese momento con 8 números y efectivamente desapareció ese año.

Su libro Del Plata al Niágara, escrito en 1893 y publicado en 1897, Groussac rechaza el modelo de país de Estados Unidos, con sus ciudades desarrolladas y homogéneas, y su sociedad democrática e igualitaria, la que calificó de «niveladora». Según el historiador Marcos Cantera Carlomagno, Groussac fue quien inició el antiamericanismo.

Los diarios y revistas también fueron emisarios de sus palabras. “La Nación”, “La Prensa” y “El Diario”, por el lado argentino, y “Le Courrier Français”, por el lado de Francia y bajo su propia dirección, publicaron hartos artículos de su autoría. Muchos de ellos, bajo diversos seudónimos.

Como crítico, Groussac fue muy conocido por su carácter despiadado e intratable, y por su sarcasmo fulminante.

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Sólo que su pluma no sólo se limitó al ámbito político. Paul Groussac fue activo partícipe de discusiones literarias, en las que no quedaban afuera ni Shakespeare ni Cervantes. Ni los grandes músicos quedaban fuera de sus conocimientos … amaba a Beethoven es más, a su esposa, la conoció cuando interpretaba una Sonata de Beethoven en Santiago del Estero su provincia natal y había contraído matrimonio en 1879, la joven santiagueña perteneciente a la alta sociedad, Cornelia Beltrán Alcorta, hija de José Lino Beltrán Talavera y de Mercedes Alcorta Aranda, pariente de Amancio Alcorta y del músico Alberto William. La había conocido en uno de sus viajes como inspector nacional de educación.

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Llegó a concebir una obra treatral, “La Divisa Punzó”. Escrita en febrero de 1922, estrenada en el Teatro Odeón con una sala repleta.

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Antigua fotografía de 1920 en una visita a Mar del Plata.

El sarcasmo, la fiereza y el despojo de Groussac no pasaron desapercibidos para Borges, escritor de la “Revista Sur”, fundada por Victoria Ocampo, en aquellas páginas destaca al fallecido Paul.

Lo que pervive de Groussac es el prodigioso arte del desdén, las astucias de la refutación, los procedimientos retóricos que permiten equiparar ciertas formas irónicas a la alta poesía. La otra se refiere a la tradición satírica. Su maligno esplendor engrandece la olvidada obra de Paul Groussac.

Borges, lo recordó bajo el título de “ Arte de injuriar”1933 un artículo en la revista Sur y entre 1955-1973 Borges ocupó el puesto de Groussac como director en la Biblioteca Nacional.

Trabajó incansablemente por un país que no era el suyo… pero lo amaba como tal.

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El poeta nicaragüense Rubén Darío le dedica a Groussac una obra intitulada Coloquio de los Centauros, en la que se lee:

«Por suma ley un día llegará el himeneo que el soñador aguarda: Cinis será Ceneo; claro será el origen del femenino arcano: la Esfinge tal secreto dirá a su soberano.»

Su póstuma reputación fue apoyada por menciones frecuentes en los ensayos críticos de Jorge Luis Borges, quien escribió inclusive su necrología.

En el ensayo autobiográfico La ceguera, Borges mencionó la influencia de Groussac sobre Alfonso Reyes el escritor poeta y pensador mexicano, a quien apreciaba mucho:

«Alfonso Reyes me dijo: Groussac, que era francés, me enseñó cómo debe escribirse en castellano.»

Portada de la primera edición de Fruto vedado, libro de Groussac publicado en 1884.

Notable

Los tres directores de la Biblioteca Nacional ejercieron el cargo estando ciegos: José Mármol, Paul Groussac y Jorge Luis Borges.

José Mármol el famoso autor de «Amalia» fue director de la entonces Biblioteca Pública de Buenos Aires entre 1858 y 1871. En el año que asumió el cargo ya tenía problemas de visión, en 1861 perdió la de su ojo derecho. Su situación fue empeorando, cuando murió estaba prácticamente ciego, era todavía director de la biblioteca. Borges, no veía prácticamente nada cuando su gestión comenzó y Groussac…como Mármol, ejerció el cargo hasta su muerte, pasó los últimos 4 años de su vida ciego. En su Poema de los dones, Borges nombra a Groussac y describe esta circunstancia excepcional que los identifica.

La actual Biblioteca Nacional

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Paul Groussac, como buena «rara avis» que era, supo ganarse con creses todo lo alcanzó.

En el año 1925 perdió el ojo izquierdo, y, para colmo de males, un glaucoma afectó también su ojo derecho. De modo que la ceguera fue su destino final cuatro años más tarde. En 1929, un 27 de junio y a los 83 años de edad, falleció en Buenos Aires, fue sepultado en el Cementerio de la Recoleta y años más tarde trasladado a su mausoleo definitivo erigido en el Cementerio de la Chacarita.

Se ganó con honores, su presencia en la «Vitrina de la historia argentina».

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