El «aduanero»

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Henri Julien Félix Rousseau –

Nació en Laval región de Los países del Loira 1844 – París 1910 llamado «El aduanero Rousseau» por su trabajo en los servicios de aduanas en París, fue un  pintor francés, y uno de los máximos representantes del «arte naíf». Ridiculizado por la crítica en su época, fue reconocido por su talento autodidacta y calidad artística, ejerciendo gran influencia en varios artistas de vanguardia.

Si vamos al caso…tampoco tuvo el oficio de aduanero, ese apodo se debe a Alfred Jarry y procede de su empleo como recaudador en una oficina de arbitrios de París. Fue al jubilarse, en 1885, cuando optó por dedicarse plenamente a la pintura.

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Pese a carecer de formación artística, desde sus inicios, bastante tardíos, manifestó una gran destreza tanto en la estructuración de sus composiciones como en el empleo del color, expuso por primera vez en el Salón de los Independientes en 1886, se ganó la admiración de figuras de la pintura contemporánea como Seurat o Gauguin. También lo alabaron Kandinsky, Picasso, Signac y Delaunay. Estos dos últimos formaron parte del reducido grupo de solo siete personas que acudió a su entierro.

Por la exuberancia de sus escenas, muchas ambientadas en selvas o en parajes naturales, se cree que estuvieron inspiradas en las descripciones de la naturaleza mexicana que le hicieron soldados que regresaron tras la campaña francesa en apoyo del emperador Maximiliano. Es muy factible que sea así dado que él no salió fuera de Francia.

Lo interesante y único caso, es que participó constantemente en el difícil «Salón de los Independientes» que tanto criticaban todos por sus exigencias, desde 1886 y hasta su muerte en 1910.

Admiraba el formalismo de la pintura academicista, pero su propia obra se caracteriza ante todo por la ingenuidad, el calor humano y la percepción poética. Coleccionaba imágenes impresas que luego usaba como referentes para sus pinturas, llegó a dominar la difícil técnica del óleo.

En sus comienzos Rousseau pintó escenas parisinas y retratos, y entrando ya en la década de 1890 comenzó a poner énfasis en su estilo personal por el que hoy es más conocido, realizando obras muy originales, maduras como también llenas de fantasía: escenas tropicales en las que mostraba figuras humanas acompañadas de bestias salvajes inspiradas en animales de zoológico o en álbumes infantiles, como el reconoció.

En 1893 Rousseau, aunque ignorado o ridiculizado por los críticos, se dedico plenamente a la pintura. Vivió de una pequeña pensión y de los retratos que pintaba a sus vecinos, y fundó una pequeña escuela donde enseñaba arte y música. Formalmente carecía de instrucción artística,

Su producción coincidió con el apogeo de los «Impresionistas», el surgimiento del «fauvismo» y las primeras experimentaciones «cubistas», pero su obra, como se puede apreciar no puede catalogarse en ninguna de esas corrientes. Eso también explique «el porque» de las enormes y fuertes críticas que recibió… de «bruto», «Ignorante», entre las más frecuentes y suaves.

«La gitana dormida» 1897, cuyo paisaje desolado, irreal, interrumpido sólo por las figuras de una joven yacente y un león situado junto a ella, fue una de las primeras muestras de su capacidad para crear mundos de un onírico lirismo. Dalí, tomó mucho de él…

 La obra mide 204,5 x 298,5 cm. Presenta un retrato casi surrealista de Yadwigha, la joven polaca que vivió un romance con Rousseau, desnuda sobre un sofá a la izquierda del cuadro, mirando por encima de un paisaje de follaje selvático exuberante, incluyendo flores de loto, y animales, incluidos aves, monos, un elefante, un león y una leona y una serpiente. Las formas estilizadas de las plantas de la selva se basan en observaciones de Rousseau en el Museo de Historia Natural de París y su Jardín des Plantes. El brazo izquierdo del desnudo señala a los leones y un negro encantador de serpientes que se enfrenta el espectador tocando su flauta, apenas visible en la oscuridad de la selva bajo la tenue luz de la luna llena. Una serpiente de vientre rosado se desliza a través de la maleza, su forma sinuosa refleja las curvas de la cadera de la mujer y su pierna.

Rousseau realizó desde 1905 una serie de obras con extraordinarias escenas selváticas «El león hambriento», «La encantadora de serpientes», «El sueño de Yadivigha» cuya apelación a un perdido paraíso natural influyó no sólo en el «Arte naif», sino en numerosas corrientes imaginativas de la pintura posterior.

El sueño de Yadivigha o simplemente El sueño

“El sueño ” o «La Rêve:» es una pintura sensacional que reúne en si misma toda la magia y fantasía del arte del Aduanero Rousseau, pintor descrito como naif, primitivista, salvaje se exhibió por primera vez en la Salon des Indépendants entre el 18 marzo al 1 de mayo de 1910, pocos meses antes de su muerte el 2 de septiembre de 1910, una de las últimas obras del artista.

Si bien fue admirada por muchos artistas modernos incluyendo Henri Matisse, Pablo Picasso  y Wassily Kandinsky y en recibir elogios de la crítica,  no impidió que su autor muriera en la pobreza y que lo enterraran en la tumba de un pobre.MUS-FAPC2020_500

«Retrato de mujer» es la obra que compró Picasso por 5 francos…

«Artista inclasificable»

Quizás  fue el más personal y desinhibido de todos los artistas surgidos inmediatamente después del ocaso del impresionismo. El explicaría su obra con este sugerente discurso: “La mujer en el sofá sueña que ha sido trasladada a este bosque y escucha el sonido de la encantadora de serpientes…”

Las fuentes de sus obras exóticas son complejas… sentía gran admiración  por “Las flores del mal” la famosa obra de Baudelaire, las poesías de su amigo Apollinaire, este lo apreciaba por su extraordinario «talante» entre ingenuo y orgulloso y una total fascinación por la naturaleza salvaje tan típica de los artistas bohemios de finales del siglo XIX.

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Rousseau pudo haber tomado algo de inspiración de la novela de Émile Zola Le Rêve, que trata sobre el amor entre un pintor y una bordadora. Mientras Rousseau pintaba esta obra, mantenía una relación sentimental con Leonie una muchacha que atendía una tienda.

Ante la sospecha de que algunos espectadores no entenderían la pintura, Rousseau escribió un poema para acompañarla titulado:

«Inscription pour la Rêve»

Yadwigha en un hermoso sueño
Se ha dormido suavemente
Oye el sonido de un piccolo oboe
Interpretado por un bien intencionado encantador [de serpientes].
Mientras la luna se reflejaba
En los ríos [o las flores], los árboles verdes,
Las serpientes salvajes escuchan
Las alegres melodías del instrumento.


El marchante de arte francés Ambroise Vollard compró la pintura de Rousseau, en febrero de 1910. Luego fue vendida a través de las galerías Knoedler de Nueva York al fabricante de ropa y coleccionista de arte Sidney Janis en enero de 1934. Janis vendió el cuadro a Nelson A. Rockefeller en 1954, quien la donó a la Museo de Arte Moderno de Nueva York para celebrar el 25 aniversario del Museo.

Se encuentra actualmente expuesta en el MoMA.

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