Bellos Madrigales…

poesia renacimiento

Surgieron durante la época del Renacimiento y es uno de los subgéneros líricos más importantes de la literatura universal. El término se usó para designar la poesía pastoral, también conocida como poesía bucólica, en la que expresan sentimientos amorosos manteniendo una estructura de 7 y 11 sílabas.

«Madrigal» deriva del término “madrigale”, el cual hace referencia a “rebaño”.

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Logra alcanzar su máximo desarrollo principalmente en Italia de la mano de autores como: Torcuato Tasso, Francesco Petrarca, Ottavio Rinuccini, Antonio Allegretti, Strozzi, Bartolomeo Gottifredi o Pietro Bembo, todos ellos musicalizados por el inefable Monteverdi.

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Las composiciones eran temas de carácter profano. Cultivado en Italia y difundido, más tarde, a otras zonas del mundo.
Los versos, tanto heptasílabos, así como endecasílabos, deben mantener una rima consonante siguiendo el tema en el que se centran. No existe una cantidad específica de versos, sino que el autor libremente elige la cantidad necesaria.

Fueron famosos en Italia: Giovanni da Palestrina, Luca Marenzio, Jacques Arcadelt, Adrian Willaert, Cipriano de Rore, Carlo Gesualdo, Giaches de Wert.

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Giovanni da Palestrina– En plena Contrarreforma, cuando muchas composiciones sacras no eran sino un pretexto para que los compositores levantaran los más complejos edificios contrapuntísticos -con el consiguiente descuido de la comprensión de las palabras de los textos cantados, este compositor, con su «Misa del papa Marcelo«, devolvió a la música toda su pureza y su sentido, es su obra cumbre.

En Inglaterra: William Byrd, Thomas Morley, John Wilbye, Thomas Weelkes, John Dowland, Orlando Gibbons y Thomas Tomkins.

William_ByrdWilliam Byrd- Fue el compositor inglés más famoso de los últimos años de la época de los Tudor -Isabel I  y de la primera época de los Estuardo -Jacobo I-. Perteneció al Renacimiento Tardío. Cultivó muchos de los géneros musicales que existían en Inglaterra en aquella época, incluyendo varias formas de música sagrada y polifonía profana, música para teclado y música de ministriles.

Los franco-flamencos, Orlando di Lasso, Josquin des Prez .

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Orlando di Lasso- Fue uno de los más prolíficos, versátiles y universales entre los compositores del Renacimiento tardío.

Escribió más de 2233 composiciones, incluyendo música vocal con letras en latín, francés, italiano y alemán, en todos los géneros conocidos en su época. Esto incluye 530 motetes, 175 madrigales italianos y villanellas, 150 chansons francesas, y 90 lieder alemanes. 

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Españoles: Sin duda el más destacado –Tomás Luis de Victoria

Era un hombre devoto, que dejó su exitosa carrera musical en Roma para concentrarse en el sacerdocio hasta su muerte pero no dejó de componer jamás, llegando a publicar unas 180 obras en quince ediciones entre 1572 y 1605). Se distingue de sus contemporáneos por haber compuesto exclusivamente música religiosa.

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Carlo Gesualdo -1566-1613 posiblemente de Nápoles era príncipe de Venosa y conde de Conza. Sobrino nieto del papa Pío IV y sobrino de San Carlos Borromeo. Estudió con los mejores músicos de su época y llegó a ser considerado uno de los mejores laudista de su era. Como compositor, hoy se establece que fue un músico vanguardista. Su música se sale de los cánones del Renacimiento, haciendo un uso constante de la disonancia y del cromatismo, algo impensado para la época.

Pero lo más extraño de este músico y compositor son las extrañas circunstancias que rodearon su vida.

Llegó a componer con un lenguaje cromático tan avanzado que no aparecería hasta el siglo XIX.

Gesualdo era noble y adinerado que componía por placer, sin la necesidad de publicar ni de ganar dinero con sus obras. Esta libertad y desinhibición, unida a su temperamento extremo, quizá fueran la llave que le abrió, de par en par, la puerta para profundizar en senderos en los que, hasta ese momento, ningún compositor había pisado.

En el contexto de la época, su música sonaba «extravagante y rara», muy difícil de interpretar por los vocalistas. Una extravagancia que se logra mantener coherente gracias a un hábil uso y conocimiento de la técnica, como ocurrió siglos después.

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El rescate

Considerado por muchos historiadores nada menos que un compositor adelantado a su época. Sus giros armónicos, su utilización del cromatismo y la modulación entre tonalidades lejanas no volverían a encontrarse en una partitura hasta bien entrado el siglo XIX, con Richard Wagner.

Su obra fue rescatada del olvido en el siglo XX por Igor Stravinsky. En 1959, en un viaje a Italia con Robert Craft , visitaron el palacio de Don Carlo de Venosa  interesándose por su obra, llegó a orquestar algunos de sus madrigales. A partir de ahí la mayoría de sus trabajos fueron publicados y su controvertida música fue y sigue siendo elogiada por muchos.

La estructura y forma de las piezas es llamativa por su libertad, dejándose fluir y fragmentar sin obstáculos. El orden sólo lo impone el texto y en él trata de plasmar, con todo el exceso que su lenguaje musical le permite, sus tormentos. Estos textos seleccionados, de poetas como Torquato Tasso, tendrán, como no podía ser de otra manera, una temática recurrente sobre el dolor y la muerte. Es precisamente cuando aparecen esos motivos en el texto cuando más creativa y atrevida se muestra la música.

Era época de enorme experimentación, muy cercana ya a la era tonal. Resultaba común que los compositores intentarán ir más allá, buscando el límite dentro de los cánones de la época.

La disonancia.

Gesualdo exprimió esa disonancia y fue mucho más allá en los juegos cromáticos y las modulaciones, transgrediendo en su música a la par que lo hacía en su vida. Premeditadamente o por impulso, no lo sabemos. Un camino que no agradó y que nadie continuó después de él. Un camino al que se comenzó a llegar aproximadamente dos siglos más tarde, pero desde un sendero diferente y mediante una evolución mucho más previsible.

Gesualdo fue probablemente el compositor más oscuro y maldito de la historia de la música escrita. Su vida fue un infierno de tormentos tanto para los que le rodearon como para sí mismo. Su pluma, sobre el pentagrama, pisaría terrenos que tardarían aproximadamente 200 años en volver a ser transitados. Murió hace unos 400 años, pero una parte de su alma, plasmada en partituras, sobrevive deleitando a aquellos que la escuchan. En su música unos encuentran placer y belleza, algunos inspiración…
Publicó cinco libros de madrigales, con una armonía y un cromatismo tan desconcertantes como soberbios, tan singulares para su época que no solo lo sitúan en un lugar especial sino que hace de los intérpretes que cantan sus obras unos privilegiados.

La obra de Gesualdo es bella, sombría, melancólica y por cierto… única.

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Si Monteverdi hizo la transición entre el madrigal manierista y la ópera inventando el madrigal dramático verdadera bisagra entre el Renacimiento y el Barroco, Gesualdo no modificó fundamentalmente las formas existentes. Compuso a la manera ya «vieja» de la época pero con un estilo muy personal, rico en cromatismos , disonancias y rupturas rítmicas y armónicas.

Opiniones

Según Denis Morrier, “sus obras nos cuestionan. Nos asombran y confunden con cada audiencia. Llevan un mensaje de evidente modernidad, que ha fascinado y sobre todo inspirado a todos aquellos que se preguntan por el futuro de los lenguajes contemporáneos. «
Según Jocelyne Kiss, “Gesualdo sigue siendo un caso único en la historia del madrigal. Su sensibilidad, su extravagancia, su afán de exteriorizar, de compartir con nosotros su universo afieltrado y contradictorio, lo llevaron a un pathos, una estética que, si bien aparece, a la luz de obras como las de Monteverdi o Marenzio como desordenada. , poco fluido y técnicamente limitado, nos entrega afectos y sentimientos auténticos, sin pudor y pocas veces musicalizado hasta entonces ” .

Momento de locura

Fingió que salía por varios días de caza que junto a la música era su gran pasión y la noche del 15 al 16 de octubre de 1590 irrumpió, acompañado por unos esbirros, en los aposentos de su esposa, a la que encontró en “flagrante delicto di flagrante peccato” con su amante, y mató a los dos.

Sobre su directa participación en la ejecución del crimen las crónicas no se ponen de acuerdo. Resultaba evidente que se trataba de un crimen de honor que quedaba a resguardo de cualquier acción de la justicia, de hecho, el virrey español de Nápoles no emprendió acción alguna contra don Carlo, quien se refugió prudentemente en su Castillo de Gesualdo, para evitar venganzas de las familias de sus víctimas.

Aunque ese tipo de crímenes no era excepcional en la época, el suceso fue famoso en toda Italia.

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Entre marzo de 1595 y el mismo mes del año siguiente, el compositor publicó sus Libros III y IV. Después estableció su capilla musical y una imprenta en su propio castillo.

En sus últimos días, el príncipe Don Carlo se retiró a su habitación, “vecina a la cámara del cembalo”, sin hablar con nadie. Nunca volvió a salir. El 18 de septiembre de 1613 murió, lo enterraron en Nápoles, en la Iglesia de Gesù Novo, al pie de la lujosa Capilla de San Ignacio.

Lo sobrevivió su propio mito, que luego alimentaron la ópera que Schnittke estrenó en Viena en 1995 –Gesualdo – con libreto de Richard Bletschacher., un documental dirigido por Werner Herzog y la peregrinación al castillo de Gesualdo de Igor Stravinsky.

“Los músicos debemos salvar a Gesualdo de los musicólogos, pero los segundos lo han hecho mejor hasta ahora. Todavía hoy es poco respetable para las academias, todavía demasiado excéntrico y cromático, todavía difícil de cantar”, escribió Stravinsky.

El príncipe, se convertiría en un personaje novelesco, sobre el que se escribieron cuentos, películas y como personaje trágico en las óperas contemporáneas de Franz Hummel –Gesualdo Ópera en 2 actos. Libreto: Elisabeth Gutjahr. WP 14 de enero de 1996 y Alfred Schnittke- Gesualdo – con libreto de Richard Bletschacher.

El grupo argentino Les Luthiers interpreta un madrigal denominado «La Bella y Graciosa Moza Marchóse a Lavar la Ropa , la mojó en el arroyuelo y cantando la lavó, la frotó sobre una piedra, la colgó de un abedul«.

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