El amable y exquisito Dufy

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Raoul Dufy – nacido en El Havre, 1877 – Forcalquier, 1953- Pintor francés amable y feliz. Tras estudiar en la Escuela de Bellas Artes de su ciudad, desarrolló un estilo de colores brillantes, influido los impresionistas. Su descubrimiento de Matisse en 1905 le hizo derivar hacia el fauvismo, al que permanecería fiel toda su vida.

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En 1906 pintó Calle con banderas, Le Havre, donde las banderas evocan una escena alegre, pero la visión ampliada crea una fuerte sensación de estructura geométrica abstracta.

Ese mismo año presentó su primera exposición individual en la galería Berthe Weil de París. Hacia 1908, a causa de su relación con Braque, experimentó una cierta influencia del cubismo, tendencia que nunca llegaría a satisfacerle; volvió gradualmente a su anterior estilo, practicando un fauvismo de colores decorativos y escenas elegantes.

Aunque Dufy comenzó como acuarelista, su práctica policromática evolucionó a lo largo de sus 50 años de carrera. Ya fuese incursionando en el diseño, explorando las artes decorativas o incluso experimentando con enormes murales, este artista encontró inspiración en un tema que significaba mucho para él: la colorida joie de vivre -“alegría de vivir” de su Francia natal.

Dufy no pintaba imágenes tristes, por el contrario, expresó, con estilo e ingenio, los aspectos optimistas de los alegres años 20 del siglo pasado, ayudado por el estilo puramente fauvista en la liberación del color y la línea de sus funciones miméticas.

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Dufy empleó el color como un medio de autoexpresión. “Lo que deseo mostrar cuando pinto es la forma en que veo las cosas con los ojos y con el corazón”.
El fauvismo fue cofundado por los artistas franceses André Derain y Henri Matisse, adoptando las características distintivas de este movimiento: pinceladas pictóricas, formas simplificadas y una preferencia por pigmentos brillantes y audaces específicamente en el color azul.

“El azul es el único color que mantiene su propio carácter. En todos sus tonos, siempre se mantendrá azul”, dijo Dufy. “Mientras que el amarillo se ennegrece en sus tonos y se desvanece cuando se ilumina; rojo cuando se oscurece se vuelve marrón, y diluido con blanco ya no es rojo, sino otro color: rosa”.


A partir de 1905, Dufy empezó a cubrir sus lienzos con pintura azul al óleo. Acentuados por brillantes bloques de amarillos soleados, rojos profundos y verdes, estos tonos azules colorean escenas de la Francia del siglo XX, en contraste con el reluciente Mar Mediterráneo, los cielos despejados sobre París y todo lo demás. Raoul Dufy fue ciertamente el pintor de la Belle Époque.

Al igual que sus compañeros fauvistas, Dufy empleó el color como un medio de autoexpresión. “Lo que deseo mostrar cuando pinto es la forma en que veo las cosas con los ojos y con el corazón”, afirmó.
En 1910, Dufy adoptó una paleta de colores más apagada inspirada en las pinturas postimpresionistas de Paul Cézanne. Sin embargo, a finales de la década, tomó el camino de regreso al fauvismo y desarrolló el estilo característico que definiría su carrera.

Antes de dedicarse por entero a la pintura, experimentó con éxito en otros medios…

En 1909, Raoul Dufy recibió el encargo de Poiret de que diseñara ropa para el hogar, y también modelos textiles, ​artículos de papelería brillantes y patrones textiles atrevidos. Continuó perfeccionando su talento en diseñador de textiles, por un periodo de 16 años con el fabricante de seda Bianchini-Férier, con sede en Lyon.

El cosechador de 1912-Un ejemplo de sus famosos diseños textiles, cuyo tema se repetía sobre la tela hasta cubrirla por completo. Todos los motivos estaban realizados en colores vivos sobre telas de algodón o seda estampadas en bloques y que eran utilizadas por famosos creadores de la alta costura. Aunque en este caso Dufy dibujó a un campesino sobre una máquina cosechadora en pleno trabajo entre gavillas de trigo, sus motivos eran muy variados, como pájaros y otros animales, plantas o, incluso, estructuras abstractas.


Durante la Primera Guerra Mundial realizó xilografías de temas patrióticos e ilustraciones. en su viaje a Munich de 1909, Dufy descubrió las maravillosas posibilidades del expresionismo para el grabado, la xilografía, ilustrando el bestiario de su amigo Guillaume Apollinaire, obras de Stéphane Mallarmé y André Gide creando diseños de textiles, realizando cerámicas y tapices.

Los primeros años de la década de los veinte del pasado siglo, comenzó a producir sus obras más conocidas en el estilo que le caracterizaría: colores brillantes extendidos ligeramente sobre un fondo blanco, con objetos esquemáticos perfilados por líneas onduladas y sensuales recreando escenas lúdicas y festivas de la vida cotidiana: regatas, conciertos, desfiles o carreras de caballos.

A partir de 1920, las pinturas de Dufy se volvieron más coloridas que nunca. Al igual que sus primeras piezas fauvistas, de su obra fueron muy apreciadas. Dufy incursionó en diferentes materiales durante el resto de su carrera.

Este enfoque ecléctico dio como resultado un cuerpo de trabajo que incluía cerámicas, grabados en madera, diseños de set, tapices. En 1930 ganó el premio del Carnegie International de Pittsburgh y en 1936 realizó su primera exposición en Nueva York, en la galería Carrol Calstires.

Y sin darse cuenta, se fue acercando al mundillo del diseño de interiores, recibiendo importantes encargos para revestir desde salones palaciegos hasta los barcos, con tanto ajetreo no era extraño que llegase a desear una vida más tranquila y decidió viajar con más asiduidad y a pintar aquellas escenas que veía en sus escapadas, sobre todo, a lo largo de las costas francesas. Esta fue, posiblemente, la época de maduración en el estilo de Dufy, aunque también exploró nuevos medios, como la pintura al óleo con aceites preparados especialmente para él.

Llegado ya a la vejez se volvió algo más austero realizando trabajos en un solo tono. Un año antes de morir fue galardonado con el Gran Premio Internacional en la vigésima sexta Bienal de Venecia 1952. Falleció en Forclaquier el 23 de marzo de 1953.

La Fée Électricité.

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En 1937 pintó uno de los murales más grandes del mundo (10×60 metros) sobre el tema del progreso científico para el Palacio de la Electricidad en la Exposición Universal de París.

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Obra impresionante

El Hada Electricidad -La Fée Electricité -mural y fue encargado al artista con motivo de la Exposición Universal de 1937 ahora en el Museo de Arte Moderno de París, para el Pabellón de la Luz y la Electricidad un homenaje a la electricidad.

El cuadro fue presentado sobre un muro ligeramente curvo situado en la entrada del «Palais de la lumiere et de l’Electricité» -Pabellón de la luz diseñado por Robert Mallet Stevens en el «Champs-de-Mars» París.

El proyecto que ideó, inspirado en gran parte en el antiguo poema del filósofo y poeta romano LucrecioDe la naturaleza de las cosas, narraba la historia del hada Electricidad, y alcanzó unas dimensiones de 600 m2. Dufy cubrió las paredes del pabellón con 250 paneles de madera de brillantes colores, y el proyecto concluyó en menos de un año gracias a una técnica innovadora y a una ardua investigación.

Lo comenzó en abril 1936. Instaló su «atelier» en una antigua Central electrica de Saint-Ouen, solamente con la ayuda de su hermano Jean Dufy, que también era pintor y un estilo similar y dos ayudantes.

El cuadro intenta inmortalizar la historia de la Electricidad desde la Antigüedad Griega hasta el siglo XX. El pintor representó a 110 personajes todos ellos contribuyeron a su creación, entre ellos figuran los dioses del Olimpo –Zeus, Iris, Apolo, Hermes, Athenea, Eolo Aristóteles, Arquímedes, Thales, Leonardo da Vinci, Isaac Newton, Alessandro Volta, Goethe, André-Marie Ampere, Michael Faraday, James Watt, Siemens, Thomas Edison, Graham Bell, Benjamín Franklin, Pierre y Marie Curie…

Thales es muy importante pues estudió las propiedades de una piedra llamada «ambar amarillo» o «elecktron» en griego, que fue el origen de la electricidad.

En la parte inferior del cuadro, Raoul Dufy representó a 109 sabios e inventores. La electricidad fue una de las grandes conquistas del siglo XIX, el hombre aprendió a producirla, almacenarla y transportarla, gracias a los descubrimientos de: Volta, Galvani, Ampere, Faraday… permitieron un conocimiento cada vez más completo de la energía eléctrica.

En el centro de la composición figuran los «dioses del Olimpo«, a sus pies está representada la Central Electrica de Vitry-sur-Seine, era la más innovadora en tecnologías de la época podemos ver como Zeus toca la Central con su rayo.

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En la parte superior, como si fuera un panorama que se lee de derecha a izquierda, temas variados: bandas de pájaros, industrias, veleros, el baile del 14 de julio -Fiesta Nacional.

El vuelo de Iris mensajera de los dioses, hija de Electra vuela en la luz, la representación de diferentes capitales del mundo difuminadas en los colores del prisma.
Para escoger a los personajes, el pintor buscó durante un año información sobre ciencia, los dioses del Olimpo, y la Central eléctrica de Vitri-sur Seine, y consejo a un Físico.

Al mismo tiempo estudió la forma de realizar el enorme cuadro, para ello estudió el «Gigantismo», se inspiró del método empleado por el pintor David en su cuadro «Serment du jeu de paume», dibujaba cada personaje desnudo y luego lo vestía… Dufy dibujó los personajes con tinta China de tamaño natural sus nombres están escritos al lado para identificarlos. Las formas son «Naif» recuerdan los dibujos de los niños.

Tardó 10 meses en terminarlo, esto fue posible gracias a la pintura que utilizó -óleo muy ligero que secaba muy rápido, lo obtuvo gracias al trabajo de Jacques Maroger -pintor y restaurador de obras de arte que «consagró su vida a obtener el «medium» que utilizó Rubens», donde los colores son vivos a la luz y se desvanecen en las sombras. Cuando se contempla el cuadro parece que está hecho con «guache».

En 1964, la compañía pública Électricité de France donó la monumental decoración titulada El hada Electricidad -1937- a la colección del MAM que se había inaugurado tiempo atrás, 1961. Fue trasladada al museo y se instaló en una sala cóncava donde requirió diversos ajustes en su nueva ubicación.

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Toda la vida una fiesta!

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El de Dufy era un mundo perfecto, con una humanidad ideal. El artista quiere representar un universo en fiesta, y sus obras tratan de evocar la alegría de vivir alejándose de la tristeza y la desgracia.

Ello le acarreó tantas alabanzas como reproches por parte de la crítica y el público. Sus detractores le acusaban de una mundana ligereza en sus cuadros, pero Dufy no permitió que su paleta jamás se tornara sombría. Cuando debía pintar obras que incluían figuras metafóricas de la muerte, lo hacía sin abandonar jamás la luminosidad y la amplia gama cromática que lo definían como artista.

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