Bicentenario del Barbero de Sevilla

Gioacchino  Rossini, fue el genial compositor de ‘Almaviva, ossia L’inutile precauzione’ más conocida en español como El Barbero de Sevilla.

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Gioacchino Antonio Rossini, nació un 29 de febrero de 1792. La ópera con la que debutó fue ‘La cambiale di matrimonio’ (El contrato matrimonial), en 1810 en Venecia y fue un éxito. Éxito que tal vez lo motivó a hacer más óperas. Pero esta no es la primera que compuso pues ‘Demetrio e Polibio’, ópera seria en dos actos, la escribió en 1806, cuando tenía solamente 14 años y aún era estudiante de música, pero esta recién se estrenó en 1812 en Roma. ‘La pietra del paragone’ también le trajo gran éxito a Rossini en el teatro Alla Scala de Milán en 1812, una obra jocosa en la que demostró su gran talento para este género, uno de los géneros operísticos por los que trascendería en el tiempo.

Sin duda la ópera que más fama le ha dado es El Barbero de Sevilla, lo llamó ‘Almaviva, ossia L’inutile precauzione’ (Almaviva o La inútil precaución) para evitar alguna confusión y coincidencia con la ópera ‘Il Barbiere di Siviglia’ de Giovanni Paisiello. Es una opera bufa en dos actos,  el libreto  de Cesare Sterbini  basado en la comedia (1775) de Pierre Caron de Besumarchais. El estreno (bajo el título Almaviva, o la precaución inútil) tuvo lugar el 20 de febrero de 1816, en el Teatro Argentina  de Roma. Lo cierto es que El barbero de Sevilla de Rossini opacaría casi eternamente al de Paisiello. El estreno fue un fracaso…principalmente, fue por la predisposición del público al creer que sería una copia o algo menor a la composición de Paisiello; pero esto duró solo la primera presentación, de la segunda hasta ahora no deja de ser un éxito. Es curioso que la obra original en francés,  Le  Barbier  de Séville tuvo una historia similar, odiada en su estreno para convertirse en una obra favorita solo una semana después.

En España se estrenó en 1818, en el Teatro de la Santa cruz  de Barcelona y fue la primera ópera que se representó en Argentin el 3 de octubre de 1825 por un grupo de cantantes que se estaban presentando en Brasil y fueron contratados por el presidente Bernardino Rivadavia Figuró en la primera temporada del  Teatro Colón en 1908, con un elenco liderado por Titta Ruffo y Fiódor  Ivánovich Shaliapin y representándose en 32 temporadas, lo que la convierte en la sexta ópera más popular en la historia del coliseo porteño.

Numerosos y célebres músicos la elogiaron:

Verdi dijo: “No puedo evitar pensar que ‘Il Barbiere di Siviglia’, por su abundancia de ideas, su viveza cómica y su claridad de declamación, es la ópera bufa más bonita que existe”. Según los anecdotarios Beethoven dijo que había leído con placer El barbero de Sevilla y que le había encantado, le dijo que no se aparte del género cómico, pues sería forzar a su destino. Antes de despedirse le dijo “Sobre todo, haga muchos Barberos”.

Según Edmond Michotte, cuando Wagner habló con Rossini, éste le dijo que era un crimen que hubiera dejado la pluma a los treinta y siete años, agregándole que ni él mismo tenía idea de lo que hubiera podido extraer de su privilegiado cerebro.

En la actualidad, personas ajenas al mundo lírico y a la ópera podrían reconocer a Rossini al escuchar solamente las oberturas de Il Barbiere di Siviglia, La Gazza Ladra o Guillaume Tell. Y es que su música es tan agradable y divertida que dudo que alguien no la haya escuchado.

Las obeturas construidas por lo general bajo la forma de sonata, además de sus melodías que hicieron de ellas un éxito, revelan un orquestador de una habilidad diabólica que exalta hasta el máximo grado la música pura.

Tenía genio, y también ingenio y chispa. “Dadme una lista de prendas enviadas a la lavandería y yo le pondré música.” Se vanagloriaba Rossini. El principal factor que contribuyó a la fama de Rossini fue la melodía; aunque de mala gana, así lo reconoce Wagner. “Rossini, volvió la espalda a la pedante acumulación de partituras densas y escuchó la voz del pueblo, que cantaba sin una nota escrita.” “La melodía desnuda, grata al oído, absolutamente melódica, la melodía que no era más que melodía y no otra cosa.”

El Barbero de Sevilla, la más grande de las óperas buffas, consiguió que la música de Rossini hiciese furor en todas las casas de opera europeas.

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Gioachino Rossinin- Obra de Francesco Hayez 1870 en La Pinacoteca Brera de Milán

Hoy se recuerda a Rossini principalmente en su condición de autor de óperas bufas pero las óperas serias y trágicas fueron apreciadas en su tiempo. Otello, Moisés, Guillermo Tell Schubert incorporo el famoso “crescendo” de Rossini y otros recursos, que utilizaba magistralmente.
Hacia 1830, Rossini dejó de componer, y aunque vivió treinta y nueve años más nunca volvió a escribir para el público. Su retiro es un misterio, objeto de muchas conjeturas. Sin duda, compuso dos obras religiosas en gran escala y se entretuvo componiendo muchas piezas breves para piano. En sus óperas Rossini nunca fue parte del mundo romántico. Pero escuchaba todo, y en sus obras como el Stabat Mater y la Petite Messe Solennelle (obra maestra) empleó armonías mucho más arriesgadas que en todo lo que puede hallarse en sus óperas.

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