«Abaporu» – Tarsila do Amaral

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Tarsila nació en Capivari- São Paulo- Brasil el 1 de septiembre de 1886 -y fallece en la misma ciudad el 17 de enero de 1973- fue la artista representativa del Movimiento Modernista Brasileño. Autora de 272 pinturas, 6 murales y alrededor de 1300 dibujos.

Estudió en París, dando continuidad a su formación artística en la tradicional Académie Julian y en el taller de Émile Renard. También pintó bajo la orientación de Gleizes y Lhote,

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Pero fue la influencia de Fernand Léger la que dejó las marcas más profundas en su producción realizada entre 1924 y 1927.

Tarsila se volcó a la investigación sobre la representación visual de la identidad brasileña, haciendo uso de colores vivos y contrastantes, en paisajes construidos por medio de planos sucesivos.

Estuvo en Europa la década del ’20, y varias veces en la capital francesa, atenta a las manifestaciones de vanguardia: Aragon, Arp, Artaud, Brancusi, Breton, Cendrars y Rousseau, ente otros, formaban parte de su repertorio. Probablemente…. La création du monde, presentado en 1923 por los Ballets Suecos, con música de Milhaud, escenografía de Léger y guión de Cendrars, con tema primitivo y estética innovadora, haya motivado a Tarsila a pintar A negra (MAC-USP), figura antropofágica «avant la lettre», que antecede a Abaporu en cinco años.

«Abaporu»

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En 1928, pintó «Abaporu«–término tupíguaraní que significa “hombre que come hombre”– y se lo obsequió a Oswald de Andrade, por entonces su II marido, como regalo de cumpleaños.

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Entusiasmado con esa criatura prehumana, con un pie colosal, Oswald dijo “¡Eso parece un antropófago, un hombre de la tierra!” e inspirado por la imagen sintética y poderosa, redactó el «Manifiesto antropófago», documento fundamental del Modernismo Brasileño, en el cual propone una asimilación crítica del legado cultural europeo para la creación de un arte genuinamente nacional.

De acuerdo con el Manifiesto, la identidad del Brasil residía en el matriarcado de Pindorama, en las prácticas y costumbres de los pueblos indígenas que vivían allí antes de la llegada de los portugueses.

Colonizadores, asociados al patriarcado racionalista, erradicaron dimensiones cruciales de la cultura tribal, tales como la vida comunitaria y la profunda vinculación de los indios con la naturaleza.

«Abaporu«, rescata el ser-naturaleza de esa tierra inmemorial, irremediablemente corrompida por la lógica civilizadora. Es una criatura autóctona, mítica por excelencia, nativa de un Brasil primitivo y mágico a la vez.

Años más tarde, Tarsila aventuró una hipótesis sobre el origen de esta obra:

«Recordé que, cuando era pequeña y vivía en una hacienda enorme […] las criadas me llevaban –con un grupo de niñas– a un cuarto viejo y amenazaban: “¡Vamos a mostrarles una cosa increíble! ¡Una aparición! ¡De aquel agujero va a caer un fantasma! ¡Va a caer un brazo, una pierna!”, y nosotras quedábamos horrorizadas. Todo eso quedó en mi psiquis, tal vez en el subconsciente».

Al buscar asociaciones para una de las imágenes más poderosas del modernismo brasileño, hay otro ser mítico, mucho más remoto, que debe recordarse. Según el relato de Plinio el Viejo en su Historia Naturalis, los esciápodos,

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Humanoides con una sola pierna centralizada en el cuerpo y pie gigantesco, fueron avistados por viajeros que alcanzaron regiones lejanas de la India. En Naturalis Historia se los describe como seres sorprendentemente ágiles que, al acostarse, usan el pie para protegerse de la lluvia y del sol ardiente.

En ese sentido, la génesis de Abaporu podría estar tanto en la mitología clásica como en la París moderna, o aun en las reminiscencias de la infancia de Tarsila.

Como resume Alexandre Eulálio, escritor y traductor brasileño:» Las pinturas antropofágicas reflejan, antes que nada, “el viaje» de Tarsila al centro de su tierra«.

Ella, creó una obra emblemática si las hay

¿Por qué es emblemática?

Tarsila dio con la clave para resolver el conflicto entre la Vanguardia europea, que ella había vivido en París, y las raíces latinoamericanas, en su caso con su país, Brasil.

Parecía imposible conjugar éstas con la modernidad.

Cómo lo hizo? en esta obra no hay herencia de Cezanne o sea: la línea recta. Enaltece la curva, mucho más orgánica y armónica, enraizada en su tierra, con un estudio profundo de los colores de su país y una temática local.

Absorbió la modernidad europea y su planificación del espacio sin copiarla y abrió un nuevo camino que su segundo marido eufórico bautizó como: Antropofagia…devorar influencias foráneas, digerirlas cuidadosamente y convertirlas en algo nuevo.
«Abaporu». Una obra para recordar y a su autora una artista muy especial…

Tarsila do Amaral, la primera artista latinoamericana a quien el MoMA de N.Y. le dedicó una retrospectiva.

Abaporu- se conserva en el MALBA de Buenos Aires.

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